EL CAMINO: "YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA, NADIE VA AL PADRE SINO POR MÍ". (JUAN 14:6)

"BUSCAD PRIMERAMENTE EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA, Y TODO LO DEMÁS SE OS DARÁ POR AÑADIDURA". (MATEO 6:33)

"Y EN NINGÚN OTRO HAY SALVACIÓN, PORQUE NO HAY OTRO NOMBRE BAJO EL CIELO DADO A LOS HOMBRES, EN EL CUAL PODAMOS SER SALVOS". (HECHOS 4:12)

miércoles, 2 de noviembre de 2022

Solemnidad de todos los Fieles Difuntos


"Depositad este cuerpo mío en cualquier sitio, sin que os de pena. Solo os pido que dondequiera que estéis, os acordéis de mí ante el altar del Señor".
(Palabras de Santa Mónica en su lecho de muerte. 
San Agustín, Confesiones, IX, 11)


SOLEMNIDAD DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS
FIESTA: 2 DE NOVIEMBRE

Los fieles difuntos, a quienes recordamos en esta fecha y también durante este mes de noviembre, son aquellas personas que nos han precedido en el paso a la eternidad, y que aún no han llegado a la presencia de Dios en el Cielo.

Son almas que han sido fieles a Dios, pero que se encuentran en estado de «purificación» en el Purgatorio, en el cual están como «inactivos»; es decir, ya no pueden «merecer» por ellos mismos. Por esta razón, es costumbre en la Iglesia Católica orar por nuestros difuntos y ofrecer Misas por ellos, como forma de aliviarles el sufrimiento de su necesaria purificación antes de pasar al Cielo.
(Ver CIC #1031-32 y 2Mac.12,46)

El recuerdo de nuestros seres queridos ya fallecidos nos invita también a reflexionar sobre lo que sucede después de la muerte; es decir, Juicio: Cielo, Purgatorio o Infierno.

Primero hay que recordar que la muerte es el más importante momento de la vida del hombre: es precisamente el paso de esta vida temporal y finita a la vida eterna y definitiva. También hay que pensar que la muerte no es un momento desagradable, sino un paso a una vida distinta. Bien dice el Prefacio de Difuntos: «la vida no termina, se transforma y al deshacerse nuestra morada terrenal adquirimos una mansión eterna». Por lo tanto, la muerte es un paso al que no hay que temer.

Sabemos que fuimos creados para la eternidad, que nuestra vida sobre la tierra es pasajera y que Dios nos creó para que, conociéndolo, amándolo y sirviéndolo en esta vida, gozáramos de Él, de su presencia y de su Amor Infinito en el Cielo, para toda la eternidad ... para siempre, siempre, siempre.

De las opciones que tenemos para después de la muerte, el Purgatorio es la única que no es eterna. Las almas que llegan al Purgatorio están ya salvadas, permanecen allí el tiempo necesario para ser purificadas totalmente. La única opción posterior que tienen es la felicidad eterna en el Cielo.

Sin embargo, la purificación en el Purgatorio es «dolorosa». La Biblia nos habla también de «fuego» al referirse a esta etapa de purificación. «La obra de cada uno vendrá a descubrirse. El día del Juicio la dará a conocer. El fuego probará la obra de cada cual… se salvará, pero como quien pasa por fuego» (1a. Cor. 3, 13-15).

Y nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica: «Los que mueren en la gracia y amistad con Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de la muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del Cielo». (#1030)

La purificación es necesaria para prepararnos a la «Visión Beatífica», para poder ver a Dios «cara a cara». Sin embargo, el paso por la purificación del Purgatorio ha sido obviado por algunos. Todos los santos —los canonizados y los anónimos— son ejemplos de esta posibilidad.

¡Es posible llegar al Cielo directamente! Y, además, es deseable obviar el Purgatorio, ya que no es un estado agradable, sino más bien de sufrimiento y dolor, que puede ser corto, pero que puede ser también muy largo. Por eso es aconsejable aprovechar las posibilidades de purificación que se nos presentan a lo largo de nuestra vida terrena, pues el sufrimiento tiene valor redentor y efecto de purificación. Al respecto nos dice San Pedro, el primer Papa:

«Dios nos concedió una herencia que nos está reservada en los Cielos. Por esto debéis estar alegres, aunque por un tiempo quizá sea necesario sufrir varias pruebas. Vuestra fe saldrá de ahí probada, como el oro que pasa por el fuego, hasta el día de la Revelación de Cristo Jesús, en que alcanzaréis la meta de vuestra fe: la salvación de vuestras almas» (1a.Pe. 1, 3-9).

La Iglesia recomienda la oración en favor de los difuntos y también las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia para ayudarlos a hacer más corto el periodo de purificación y puedan llegar a ver a Dios. "No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos".

Nuestra oración por los muertos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión a nuestro favor. Los que ya están en el cielo interceden por los que están en la tierra para que tengan la gracia de ser fieles a Dios y alcanzar la vida eterna.

Para aumentar las ventajas de esta fiesta litúrgica, la Iglesia ha establecido que, si nos confesamos, comulgamos y rezamos el Credo por las intenciones del Papa entre el 1 y el 8 de noviembre, “podemos ayudarles obteniendo para ellos indulgencias, de manera que se vean libres de las penas temporales debidas por sus pecados”. (CEC 1479)



"Una flor sobre su tumba se marchita, una lágrima sobre su recuerdo se evapora. Una oración por su alma, la recibe Dios".
(San Agustín)


ORACIONES A NUESTROS FIELES DIFUNTOS

Oración de santa Gertrudis la Grande

Nuestro Señor le dijo a Santa Gertrudis la Grande, que esta oración puede librar 1000 almas del purgatorio cada vez que se rece:

Padre Eterno, yo te ofrezco la Preciosísima Sangre de tu Divino Hijo Jesús, en unión con las Misas celebradas hoy día a través del mundo, por todas las Benditas Ánimas del Purgatorio, por todos los pecadores del mundo, por los pecadores en la Iglesia Católica, por aquellos en propia casa y dentro de mi familia, Amén.


Oración por nuestros seres queridos

Oh buen Jesús, que durante toda tu vida te compadeciste de los dolores ajenos, mira con misericordia las almas de nuestros seres queridos que están en el Purgatorio. Oh Jesús, que amaste a los tuyos con gran predilección, escucha la súplica que te hacemos, y por tu misericordia concede a aquellos que Tú te has llevado de nuestro hogar el gozar del eterno descanso en el seno de tu infinito amor. Amén.

Concédeles, Señor, el descanso eterno y que les ilumine tu luz perpetua.

Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz. Amén.


Oración de recomendación del alma a Cristo

Señor, te encomendamos el alma de tu siervo(a) ... (mencione su nombre) y te suplicamos, Cristo Jesús, Salvador del mundo, que no le niegues la entrada en el regazo de tus patriarcas, ya que por ella bajaste misericordiosamente del cielo a la tierra.

Reconócela, Señor, como criatura tuya; no creada por dioses extraños, sino por ti, único Dios vivo y verdadero, porque no hay otro Dios fuera de Ti ni nadie que produzca tus obras.

Llena, Señor, de alegría su alma en tu presencia y no te acuerdes de sus pecados pasados ni de los excesos a que la llevó el ímpetu o ardor de la concupiscencia.

Porque, aunque haya pecado, jamás negó al Padre, ni al Hijo, ni al Espíritu Santo; antes bien, creyó, fue celoso de la honra de Dios y adoró fielmente al Dios que lo hizo todo.

Oración a Nuestra Señora Auxiliadora de las almas del Purgatorio 

O Gloriosa Virgen María, creemos que Dios os dio todas las gracias para suavizar las penas de las almas del Purgatorio e incluso para liberarlas, por eso acudimos a vos con confianza.

O Virgen María, venimos a llamar a la puerta de vuestro corazón maternal. Mirad las penas que enduran estas almas en el fuego purificador, mirad los tormentos de estas almas privadas de la visión de Dios, que Le vieron un corto instante, mirad la impotencia de estas para procurarse el mínimo alivio, mirad su resignación y su sumisión a la justicia divina.

O Madre de misericordia, os suplicamos, visitéis estas pobres almas y les deis alivio y consuelo.

O Virgen poderosa, cuyos méritos son inmensos, abreviad el tiempo de su expiación.

O Reina del cielo, nos atrevemos a pediros que liberéis todas las almas posibles, a cada una de vuestras visitas.

O Madre de bondad, os rogamos más especialmente por las almas olvidadas del Purgatorio. Amén.


Oración a san Miguel Arcángel    

Gran San Miguel, que Dios encargó de introducir en el cielo las almas de los elegidos, te ruego por todos aquellos que quise y que ya no están.

Dignaos visitarles, asistirles y socorrerles en medio de las llamas que les queman, en la oscura prisión donde están. Haced que Dios las admita lo más pronto posible en el lugar del enfriamiento, de la luz y de la paz.

Y cuando venga para mi alma, la hora de bajar a esa oscura estancia, os conjuro, interceder por ella y venid a ayudarla. Amén.

Oración al Santo Cura de Ars
  
O Santo Cura de Ars, que Dios todopoderoso y misericordioso te hizo admirable por tu celo apostólico y tu constante devoción a la oración y penitencia, obtén de todos los sacerdotes, la misma virtud y celo apostólico.

Vos, que tuvisteis un corazón puro, interceded por todos los sacerdotes, para que conserven sin mancha el carácter de su ordenación. Que obtengan y mantengan una admirable devoción a las Ánimas Benditas del Purgatorio, y se dignen en ofrecer el Santo Sacrificio de la Misa por ellas durante toda su vida.

Que sean un ejemplo de firmeza en la fe e intrépidos en la propagación del Reinado de Nuestro Señor en la tierra.

Que propaguen sin desfallecer la Verdad revelada, y que extiendan entre sus feligreses el amor a la oración, en particular por las almas del Purgatorio.

Os pedimos humildemente por vuestra intercesión, que, a través de nuestras oraciones, podamos aliviar las almas del Purgatorio, en particular la de los sacerdotes, obispos y papas que aún permanecen en él.

Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

Letanías por las Almas del Purgatorio

Señor ten Misericordia de nosotros.
Señor ten Misericordia de nosotros.

Cristo ten Misericordia de nosotros.
Cristo ten Misericordia de nosotros.

Señor ten Misericordia de nosotros.
Señor ten Misericordia de nosotros.

Cristo, óyenos.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Cristo, escúchanos.

Dios Padre celestial; ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo redentor del mundo; ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo; ten misericordia de nosotros.
Trinidad Santa, un solo Dios; ten misericordia de nosotros.

Santa María, auxiliadora de las almas del purgatorio; ruega por nosotros.

Responderemos a cada invocación: Ten misericordia, Señor.

Por mis hermanos y parientes.
Por todos mis bienhechores espirituales y temporales.
Por los que han sido mis amigos y súbditos.
Por cuantos debo amor y oración. 
Por cuantos he perjudicado y dañado.
Por los que han faltado contra mí. 
Por aquellos a quienes profesáis predilección.
Por los que están más próximos a la unión con Vos.
Por los que os desean más ardientemente.
Por los que sufren más.
Por los que están más lejos de su liberación.
Por los que menos auxilio reciben. 
Por los que más méritos tienen por la Iglesia.
Por los que fueron ricos aquí, y allí son los más pobres.
Por los poderosos, que ahora son como viles siervos.
Por los ciegos que ahora reconocen su ceguera.
Por los vanidosos que malgastaron su tiempo.
Por los pobres que no buscaron las riquezas divinas.
Por los tibios que muy poca oración han hecho.
Por los perezosos que han descuidado tantas obras buenas.
Por los de poca fe que descuidaron los santos Sacramentos.
Por los reincidentes que sólo por un milagro de la gracia se han salvado.
Por los padres que no vigilaron bien a sus hijos.
Por los superiores poco atentos a la salvación de sus súbditos.
Por los pobres hombres, que casi sólo se preocuparon del dinero y del placer.
Por los de espíritu mundano que no aprovecharon sus riquezas o talentos para el Cielo.
Por los necios, que vieron morir a tantos no acordándose de su propia muerte.
Por los que no dispusieron a tiempo de su casa, estando completamente desprevenidos para el viaje más importante.
Por los que juzgaréis tanto más severamente, cuánto más les fue confiado.
Por los pontífices, reyes y príncipes.
Por los obispos y sus consejeros. 
Por mis maestros y pastores de almas.
Por los sacerdotes de nuestra diócesis.
Por los sacerdotes y religiosos de la Iglesia católica.
Por los defensores de la santa fe. 
Por los caídos en los campos de batalla.
Por los sepultados en los mares.
Por los muertos repentinamente.
Por los fallecidos sin recibir los santos sacramentos.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo; dales el descanso eterno. (Tres veces)

Oremos:

Oh Dios, Creador y Redentor del mundo, perdona los pecados de tus servidores y servidoras, que la inconsciencia de los hombres olvida en el Purgatorio.

Permitid que nuestras oraciones les permita obtener la liberación por la que tanto suspiran.

Señor, vos que castigáis con pesar, y nos mandáis rezar por quienes amáis, dignaos abrir las puertas del Cielo a las almas que han salido de este mundo, y dadles el reposo y la felicidad eterna.

Os lo pido, por la mediación de Nuestra Señora Auxiliadora de las almas del Purgatorio y por todos los Santos. Amén.

Novena Corta por las Ánimas Benditas
(Rezar durante nueve días consecutivos)

Señor Jesús, Juez universal, ante quien debemos dar cuenta de nuestras obras en esta vida y en la otra, danos la gracia para no pecar y ten misericordia de las almas del purgatorio, miembros de tu Cuerpo místico, muertos ya en tu gracia.

Acepta y aplica los sobreabundantes padecimientos tuyos, los de tu Madre Dolorosa y los de todos los santos, como expiación de sus pecados, y llévalos pronto a gozar de tu compañía.

María, Madre de Misericordia, acuérdate de los hijos que tienes en el purgatorio y presentando nuestros sufragios y tus méritos a tu Hijo, intercede para que les perdone sus deudas y los saque de aquellas tinieblas a la admirable luz de su gloria donde gocen de tu dulcísima visión y de la visión de tu Hijo Jesús bendito.

Glorioso Patriarca San José, intercede juntamente con tu Esposa ante tu Hijo por las almas del purgatorio.

Señor y Dios nuestro, de quien es propio compadecerse y perdonar: te rogamos por las almas de tus siervos que has mandado salir de este mundo para que no las dejes en el Purgatorio por más tiempo, sino que mandes a tus santos ángeles para que las saquen y las lleven a la patria del paraíso, pues, como esperaron y creyeron en Ti, no sigan padeciendo las penas del Purgatorio, sino que empiecen a poseer ya los gozos eternos.

Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

Oración para la liberación de las Almas del Purgatorio, penetrándose en los sentimientos de Nuestra Señora de los Dolores, cuando ella recibió en sus brazos a su Divino Hijo.

¡Oh Fuente Inagotable de Verdad, cómo estáis tan agotada!
¡Oh Sabio Doctor de los hombres, cómo te has vuelto mudo!
¡Oh Esplendor de la Luz Eterna, cómo estáis tan apagado!
¡Oh Amor Verdadero, cómo tu hermosa figura se ha deformado!
¡Oh Altísima Divinidad, cómo me haces ver a mí en una tan grande pobreza!
¡Oh Amor de mi corazón, cuán grande es Tu bondad!
¡Oh Delicia de mi corazón, cuán excesivos y múltiples han sido tus dolores!

Señor mío Jesucristo, Tú que tienes en común con el Padre y el Espíritu Santo una sola y misma naturaleza, ten piedad de toda criatura y principalmente de las almas del Purgatorio. Amén.

Nota explicativa: Esta oración fue aprobada por el Papa Inocencio XI (Papa de 1676 a 1689) que concedió la liberación de quince almas del Purgatorio cuantas veces se rece dicha oración).

—Los Papas Clemente III (Papa de 1187 a 1191) y Benedicto XIV (Papa de 1724 a 1730) la enriquecieron con Indulgencia Plenaria.

—S.S. Pío IX (1792-1878; Papa desde 1846) confirmó esas disposiciones y agregó 100 días de indulgencia.

Se recomienda vivamente rezarla todos los días e implorar gracias particulares o especiales a cada una de las quince almas liberadas cada vez.


Se reza del 24 de octubre al 1 de noviembre, pero se puede rezar en cualquier época del año y en especial durante el mes e noviembre, mes de las Ánimas Benditas del Purgatorio; ellas te lo agradecerán. 



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