EL CAMINO: "YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA, NADIE VA AL PADRE SINO POR MÍ". (JUAN 14:6)

"BUSCAD PRIMERAMENTE EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA, Y TODO LO DEMÁS SE OS DARÁ POR AÑADIDURA". (MATEO 6:33)

"Y EN NINGÚN OTRO HAY SALVACIÓN, PORQUE NO HAY OTRO NOMBRE BAJO EL CIELO DADO A LOS HOMBRES, EN EL CUAL PODAMOS SER SALVOS". (HECHOS 4:12)

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lunes, 4 de marzo de 2019

El Sexto Mandamiento: No cometerás actos impuros





EL SEXTO MANDAMIENTO: NO COMETERÁS ACTOS IMPUROS

Si el quinto mandamiento del Decálogo es expresión de la absoluta soberanía de Dios sobre cada individuo, el sexto —no adulterarás (Ex. 20:14)— manifiesta el dominio del Señor sobre la propagación y el desarrollo de la familia humana. Enseña la Escritura que Dios, después de crear a Adán, le dio por compañera a Eva, estableciendo así la institución matrimonial, principio y fundamento de la familia y de la sociedad, llamándoles, por la distinción de sexos, a participar de su poder creador.

El sexto precepto del Decálogo protege el amor humano y señala el camino recto para que el individuo coopere libremente en el plan de la creación, usando de la facultad de engendrar, que ha recibido de Dios. Al mismo tiempo, traza un cauce al instinto, de modo que la generación no sea fruto de una fuerza irracional —como en los animales—, sino una donación libre y responsable, concorde al decoro y santidad de los hijos de Dios.
Expresado en forma negativa, señala los límites dentro de los cuales el uso de la facultad sexual respeta el orden establecido por Dios, convirtiéndose en medio de santificación.
La virtud de la castidad consiste esencialmente en la ordenación del instinto sexual al fin que Dios le ha señalado. Se trata de una exigencia de la misma naturaleza humana, que pide que lo corporal permanezca subordinado y sujeto a lo espiritual.
El Catecismo de la Iglesia católica dice:
“La lujuria es un deseo desordenado de goce excesivo de placer sexual. El placer sexual es moralmente desordenado cuando es buscado por sí mismo, separado de las finalidades de procreación y unión matrimonial” (CEC, 2351)
1.- LA VIRTUD DE LA TEMPLANZA ES LA VIRTUD QUE MODERA LA CONCUPISCENCIA

Para los cristianos, esta moderación se efectúa por medio de la razón iluminada por la fe, por lo que tiene exigencias divinas, distintas y más altas, que la correspondiente virtud humana.
1.1.- LA TEMPLANZA: SU ÁMBITO

En sentido estricto, la templanza es una de las cuatro virtudes cardinales. Y podíamos definirla como la virtud sobrenatural por la que refrenamos los deseos desordenados de los placeres sensibles y usamos con moderación de los bienes temporales.
Decimos virtud sobrenatural, para distinguirla de la correspondiente natural, que tiene exigencias, como hemos dicho, menos altas. Lo propio de la templanza es refrenar los movimientos del apetito concupiscible, es decir, los deseos desordenados de los placeres sensibles, principalmente los que son propios del gusto y del tactoque ofrecen la máxima delectación, como necesarios para la conservación del individuo y de la especie. En consecuencia, la templanza abarca la moderación de los placeres de la nutrición y de la generación.

Esa moderación la hace según la razón iluminada por la fe, por ser sobrenatural. La templanza humana o adquirida modera según la razón humana. La sobrenatural o infusa va mucho más allá, puesto que añade las luces de la fe a las propias de la razón natural, con exigencias más finas, altas y delicadas.
La virtud de la castidad es aquella parte de la templanza que modera los placeres propios de la generación. El sexto y noveno mandamiento del Decálogo se refieren a los actos externos e internos, respectivamente, relacionados con el instinto genésico.
1.2.- LA TEMPLANZA CRISTIANA

La templanza se vive bien sólo cuando el hombre sabe lo que vale su alma; cuando el hombre aprecia el don de Dios, al otorgarle un cuerpo que debe alimentar, y al depositar en él la corresponsabilidad de que crezca, mediante la generación, la familia de los hijos de Dios.
“Carísimos, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas que son de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios: saboread las cosas del cielo, no las de la tierra”  (Col 3: 1-2).

El cristiano debe esforzarse por hacer realidad de algún modo, ya en la tierra, lo que será su vida en el cielo. Y esto lo consigue a través de la ayuda del Espíritu Santo derramado en su corazón (Rom 5:5), y mediante el ejercicio de las virtudes fundamentales para el desarrollo de esa caridad, como es, por ejemplo, la santa pureza.
1.3.- LA CASTIDAD, UNA AFIRMACIÓN GOZOSA

Al valorar debidamente esta participación en el poder creador de Dios, debemos agradecer, cuidar y administrar este tesoro con grandísima delicadeza y responsabilidad.
La santa pureza no es una renuncia, sino una afirmación gozosaSin embargo, no todos son capaces de entender esto (Mt 19:11). Hace falta tener al menos una visión cristiana de la vida, y un deseo profundo y eficaz de amar a Dios con todo el corazón.

No puede extrañar, por tanto, que para una mentalidad materialista, que intenta borrar a Dios del pensamiento y de la conciencia, la virtud de la pureza se presente como algo negativo o se desprecie. Es aleccionador, y asombrosamente actual, el panorama que describía con dolor San Pablo al hablar de la sociedad más culta y avanzada de su tiempo.
Por haber “colocado la mentira en el lugar de la verdad de Dios (…), los entregó el Señor a pasiones infames, pues sus mismas mujeres invirtieron el uso natural, en el que es contrario a la naturaleza. Del mismo modo también los varones, desechado el uso natural de la hembra, se abrasaron en amores brutales de unos con otros cometiendo torpezas nefandas varones con varones, y recibiendo en sí mismos la paga merecida de su obcecación.

Pues como no quisieron reconocer a Dios, Dios los entregó a un réprobo sentido, de suerte que han hecho acciones indignas del hombre, quedando atestados de toda suerte de iniquidad, de malicia, de fornicación …” (Rom 1: 25-29).

La corrupción de las costumbres y de la conciencia moral, no raramente comienza por los pecados contra la pureza. La experiencia enseña que el abandono de la lucha contra esas faltas lleva a cohonestarlas (encubrirlas, camuflarlas), violentando y deformando el juicio de la conciencia, hasta insensibilizarla por completo. Pero también esos errores y horrores son la última consecuencia; el castigo del enfrentamiento con Dios, de la actitud orgullosa que no quiere someterse a la soberanía divina.
Como decía Santo Tomás de Aquino:
“Por el vicio de la lujuria…, es lógico que las energías superiores de la verdad y de la razón se sientan grandemente desordenadas”.

2.- EN LA SAGRADA ESCRITURA

La Biblia describe el castigo de la lujuria carnal, además del adulterio. En el Génesis, por ejemplo, leemos acerca de la sentencia por la nuera contra Judá (Gen 38:24); en Deuteronomio dice el precepto, “de las hijas de Israel que ninguna sea cortesana” (Deut 23:17). Tobías exhorta: “Guárdate, hijo mío, de todo acto impúdico” (Tob 4:13). Y el Eclesiástico dice: “Avergüénzate de mirar a la mujer pecadora” (Eclo 41:25). La ley mosaica, no sólo se refiere al sexto mandamiento: “no cometerás adulterio”, sino también al noveno mandamiento, “no codiciarás la mujer de tu prójimo.” (Ex 20: 14-17). En Gen 38: 4-10 se castiga el Onanismo.

En el Evangelio, Jesucristo señala que del corazón provienen los adulterios y actos deshonestos que manchan al hombre (Mt 15:19). Jesús reporta la vivencia de esta virtud a su raíz interna, exigiendo rectitud en el obrar, la moralidad de la intención, la integridad de la mente: “Se os dijo no adulterarás, pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón “(Mt 5:27). El vientre repleto provoca lujuria, como dice el Señor: “Cuidad de que vuestros corazones no se emboten por la crápula, la embriaguez, las preocupaciones de la vida: no caiga de improviso sobre vosotros este día” (Lc 21: 34).

La impureza carnal es la vía preferida por Satanás para corromper el alma, puesto que es la más fácil. Por eso necesita vigilancia. Es por ello que Cristo nos dice: “Velad y orad para no caer en tentación. El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil” (Mt 26:41) porque puede apartarnos de la fe y la devoción, corrompe cuerpo y alma, lleva al placer desenfrenado, idolatra a la carne y nos hace malos.

El apóstol San Pablo con frecuencia, se refiere a este vicio, con palabras fuertes, e insiste en exhortar: “¡Huid de la fornicación!” (1 Cor 6:18). “No se relacionen con los fornicarios” (1 Cor 5:9); “En medio de vosotros, no se mencione ni siquiera la incontinencia, la impureza de ningún tipo, ni la avaricia” (Ef 5:3); “Deshonestos, adúlteros, afeminados y pederastas, no heredarán el reino de Dios” (1 Cor 6:9). A los de Tesalónica, San Pablo les dice: “No os entreguéis a las pasiones como hacen los paganos” (1 Tes 4:5).

La Sagrada Escritura también nos habla de este mandamiento en su sentido positivo: No cometer actos impuros significa, en el fondo, educarnos para el amor verdadero, que respeta al prójimo como hijo de Dios y a sí mismo, como templos del Espíritu Santo (1 Cor 3: 16-17). Nuestra sexualidad, querida por el Señor, es una poderosa fuente de energía, si es vivida de forma inteligente y modo evangélico. Ella nos ayuda a amar a nuestro prójimo en su plenitud humana y espiritual, y es anticipo del Amor que encontraremos en la eterna Luz del cielo.
3.- EL SEXTO MANDAMIENTO PROHÍBE

El sexto mandamiento prohíbe toda acción, conversación o mirada contraria a la castidad dentro o fuera del matrimonio.
El pecado de impureza pone al hombre por debajo de la condición de los animales, y le arrastra a otros pecados, pues es uno de los pecados capitales: la lujuria. Esta consiste de un modo principal en el apetito desordenado de deleites venéreos (carnales). Se da fuera del matrimonio, o dentro de él quebrantando sus leyes.
Jesucristo confirmó el precepto divino que prohibía la impureza externa e interna (Cfr. Ex 20: 14 y 17), poniendo de relieve  la gravedad de la materia, al reprobar la mirada mala y al mostrar en el corazón la mala raíz (Cfr. Mt 5: 27-28), que mancha el alma con todos sus frutos (Mc 7: 21-22). No cabe ahí parvedad de materiaes decir, constituye una violación grave del sexto mandamiento cualquier satisfacción desordenada del apetito sexual —advertida como tal y consentida—, de pensamiento, de palabra, de deseo o de obra. Además, los pecados de pensamiento y de deseo están expresamente prohibidos por el noveno mandamiento (Cfr. Gal 5: 19-21; Rom 13:13; 1 Cor 5:11; 6: 9-20; Col 3: 5; Heb 13: 4; 1 Pe 4: 1-6. etc.)

3.1.- SUS GRAVES CONSECUENCIAS

Sus graves consecuencias están descritas por San Pablo en Rom 1: 25-29, ya recogidas anteriormente en este mismo artículo.

3.2.- PUNTOS DE DOCTRINA CATÓLICA

En toda su variedad, desde el movimiento desordenado del corazón a la perversidad más degradante, la impureza es propia del paganismo y constituye una verdadera idolatría que excluye de la herencia en el Reino de Cristo (Cfr. 1 Cor 5: 3-5). Tan grave es la materia y tan pegadiza para el hombre que lleva en sí las heridas del pecado original, que ni siquiera se debe nombrar  innecesariamente (Ef 5: 3-4).

Las razones para la completa descalificación moral de todo acto impuro son numerosas. Por el pecado de lujuria el hombre queda de tal manera sujeto a los caprichos de la pasión, que rebaja su dignidad de criatura racional a la de un simple “bruto” incapaz de dominar el instinto. Además, por la impureza y la incontinencia, el hombre mancha y pervierte su propio cuerpo, reduciéndolo a simple instrumento de placer, etc.

Conviene recordar que la Iglesia ha afirmado, entre otros, los siguientes puntos:
– la existencia de una verdadera libertad moral en el hombre durante su vida terrena, con la posibilidad de obrar el bien en el orden natural y de cooperar con la gracia;
– la necesidad de la gracia para la justificación —y también para poder cumplir siempre y completamente los preceptos de la ley natural—, y la necesidad del recurso a los sacramentos (en particular la Confesión y la Eucaristía) para vivir cristianamente;
– la necesidad de mortificar los apetitos desordenados, y en general de la práctica ascética fundada en la oración y en la mortificación: práctica que no va contra la naturaleza, sino contra el desorden introducido por el pecado y sus consecuencias, y que, por tanto, se ordena con la gracia a restablecer la armonía primordial de la naturaleza humana y a consentir el desarrollo de la vida sobrenatural;
– el valor de la virtud de la castidad, dentro y fuera del matrimonio, ordenando debidamente lo referente a la vida sexual, como una condición básica para la santidad, para la vida de oración, para luchar contra el egoísmo y la soberbia, etc… Y, en consecuencia, el valor y la necesidad de aquellas virtudes que forman el cortejo y la custodia de la santa pureza: el pudor, la modestia, la sobriedad, etcétera;

– la necesidad de huir tanto de la desesperación como de la presunción; por tanto, la necesidad de luchar contra las tentaciones e invocar el auxilio divino, y también de evitar las ocasiones y huir del peligro próximo y voluntario de pecado.
4.- LOS PECADOS EXTERNOS

4.1.- LOS PECADOS EXTERNOS CONSUMADOS SEGÚN LA NATURALEZA

Como son:
– La fornicación es pecado mortal. Es el acto del que se puede seguir la generación, tenido por mutuo acuerdo y consentimiento entre hombre y mujer solteros, no relacionados con ningún vínculo familiar o religioso. Cuando no se reconoce la fornicación como pecado, se debe a la corrupción de la razón natural, como ocurría con muchos pueblos antes de ser evangelizados por el cristianismo. Las relaciones sexuales prematrimoniales pertenecerían a este grupo.

Su ilicitud le viene tanto por derecho natural, a causa de los daños que sobrevendrían a la sociedad de la unión libre, como por Derecho positivo divinoque excluye a los fornicarios del Reino de los Cielos (1 Cor 6:9).

– El concubinato refiere a la relación marital que mantiene una pareja sin estar casada.

– La prostitución se refiere a la actividad que realiza la persona que cobra por mantener relaciones sexuales con otros individuos. Prostituirse, por lo tanto, consiste en tener sexo a cambio de un pago.

– El adulterio añade a la fornicación una nueva malicia, pues se peca además contra la justicia. Los maridos que son adúlteros no pecan menos que las esposas, aunque injustificadamente suelen ser más indulgentes consigo mismos. Añade a la fornicación la circunstancia de que uno, o los dos, estén casados con distintas personas. En este caso son dos los pecados, uno contra la castidad y otro contra la justicia, y es necesario declararlo en la confesión.

– Incesto es la fornicación tenida entre parientes dentro de los grados prohibidos por la Iglesia para contraer matrimonio. Se ve claro que este pecado añade a la fornicación otro especial contra la piedadTambién participan de esta malicia los malos deseos y los deshonestos tocamientos entre los mencionados parientes.

– Sacrilegioconsiderado como pecado de lujuria, es la violación de una persona, lugar o cosa sagrados por un pecado deshonesto. Son las tres especies de lujuria sacrílega que pueden cometerse y que añaden al pecado de lujuria otro contra la religiónY este sería doble cuando los dos cómplices estuvieran consagrados a Dios.

– Estupro es la violación de una mujer contra su voluntad. Al pecado de lujuria se añade otro de injusticiaen la que se emplea la coacción moral o física.

– Rapto es el secuestro violento de una persona con fines lujuriosos. Lleva consigo dos pecados graves, por lo mínimo, uno contra la castidad (por lo menos de deseo) y otro contra la justiciapor la violencia ejercida.

Estos pecados “matan” el alma, privan de la vida futura a quien muere sin la absolución sacramental, arruinan muchas veces las familias y los hogares, significan la deshonra de los hijos, y privan a los pecadores también de su propia honra.
4.2.- LOS PECADOS EXTERNOS CONSUMADOS CONTRA LA NATURALEZA

Como son: la masturbación, el onanismo, la sodomía, etc.
– Cualquiera de estos pecados es, en sí mismo, más grave que los anteriores, en cuanto suponen un mayor desorden moral.

En aquellos pecados que se requiere cómplice para cometerlo, además de la lujuria, se dan desórdenes contra otras virtudes como: la piedad, la religión, la justicia, etc., y siempre contra la caridad para con el prójimo.
– Masturbación o polución: Se la conoce también con el nombre de pecado solitario. Es el acto deshonesto cometido por una persona en su propio cuerpo por el que busca la delectación venérea desordenadamente apetecida. Es siempre pecado grave, como enseña la razón iluminada por la fe, y nos confirma la Iglesia.

– Onanismo: El onanismo provocó la ira de Dios sobre Onán (Cfr. Gen 38: 9-10) y jamás es lícito. Es la unión sexual voluntariamente interrumpida para que el semen se derrame fuera del lugar debido. Además del onanismo naturalque es el que acabamos de definir, se da además el artificialque impide también la concepción usando medios artificiales. Ambos son pecado mortal, porque frustran por completo la finalidad buscada por la naturaleza con el acto sexual. La malicia es doble entre solteros. Y, entre casados, el onanismo voluntario es siempre pecado mortal, porque va contra el fin primario del matrimonio y de la fidelidad conyugal.

– Sodomía: es un pecado más grave que los otros dos, por su enorme deformidad. Dios castigó las ciudades nefandas de Sodoma y Gomorra por este crimen, arrasándolas con fuego llovido del cielo (Cfr. Gen 19: 1-29) y se castigaba con pena de muerte en la Ley Antigua (Cfr. Lev 20:13). Es el pecado carnal entre personas del mismo sexo (inversión sexual). Cometen también este pecado las personas de distinto sexo cuando hacen actos sexuales contra el orden natural.

4.3.- Los pecados externos no consumados

Los pecados no consumados contra la castidad, pueden ser internos (se estudian en el 9º mandamiento) y externos. En este apartado se incluyen los tocamientos deshonestos, las miradas torpes, las conversaciones impuras, la lectura de libros malos y la asistencia a espectáculos indecentes: determinados bailes, cines, teatros, internet, etcétera.
La malicia moral de estos actos puede variar según las personas y las circunstancias. La malicia puede provenir de varias fuentes:
-Por el escándalo o cooperación al mal ajeno;

-por la intención: la intención explícita o implícita (más o menos oculta bajo falsos pretextos) de provocar movimientos sexuales, lo convierte en pecado directo contra la castidad y es siempre mortal. La intención de satisfacer la curiosidad, el espíritu de ligereza, el juego o la burla, constituyen de suyo solamente pecado venial;

-por el consentimiento o peligro de consentimiento en el placer sexual sobrevenido involuntariamente por los movimientos carnales. En la práctica, el peligro de estos movimientos —que en sí mismos no son pecado, pero que llegarían a serlo si se consienten—, es muy diferente según sean las circunstancias de la persona y las acciones concretas que los provocan. La intención recta y el fin serio disminuyen grandemente el peligro de los efectos desordenados; por ejemplo, por razones de estudio, higiene, etc.

Los pecados externos no consumados son, por tanto, pecados mortales. En cambio los movimientos carnales, las conversaciones, miradas, besos, etc. no son en sí mismos pecados, pero sí lo pueden ser si se acompañan de un deseo libidinoso, o constituyen una ocasión próxima de pecado, o no se rechazan con prontitud; pues es la voluntad la que lleva al pecado, como nos enseñó Nuestro Señor  (Cfr. Mt 5:28).

4.4.- RESUMEN MORAL

Por lo tanto, se puede decir, como regla general, que la lujuria querida o consentida no admite parvedad de materia: es siempre pecado mortal. El motivo está en que la lujuria nos desvía radicalmente de nuestro fin y de nuestro bien. En cambio, el uso natural de la capacidad de generación dentro del matrimonio es una realidad querida y bendecida por Dios que la constituyó en materia de un sacramento (matrimonio) de su Iglesia (Cfr. Ef 5:32).

5.- LA EDUCACIÓN DE LA PUREZA

Para luchar eficazmente contra estos pecados es necesaria una constante educación de la pureza. La santa pureza es corona triunfal, afirmación gozosa, virtud de hombres que saben lo que vale su alma, y que nace del amor.
“Ved que, por eso, nunca hablo de impureza, sino de pureza, ya que a todos alcanzan las palabras de Cristo: bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios (Mt 5:8). Por vocación divina, unos habrán de vivir esa pureza en el matrimonio: otros, renunciando a los amores humanos, para corresponder única y apasionadamente al amor de Dios. Ni unos ni otros esclavos de la sensualidad, sino señores del propio cuerpo y del propio corazón, para poder darlos sacrificadamente a otros”.

5.1.- EVITAR LA OCIOSIDAD, pues el demonio espera estos momentos para atacarnos. San Jerónimo nos dejó escrito: Haz que el demonio te encuentre siempre ocupado.

5.2.- LA MODERACIÓN EN LA COMIDA, BEBIDA, dando al cuerpo algo menos de lo justo. Para defender y vivir la pureza es necesario mortificar todos los sentidos, que son las ventanas por donde la muerte asalta al alma: la gula, la vanidad, la curiosidad y toda clase de sensualidad.

5.3.- GUARDAR LA VISTA. David, hombre según el corazón de Dios, no se perdió en los campos de batalla o en la corte real trabajando, una mirada en un rato de ocio causó su ruina. Jesús nos aconseja: Velad y orad (Mt 26:41)Y para no ver, es preciso prever. Recordemos el caso de Lot cuando huía de las llamas de Sodoma, a quien el ángel le aconsejó: “No mires atrás, ni te pares en toda la región circunvecina, sino ponte a salvo en el monte” (Gen 19:17)  Y San Agustín refiere el caso de Alipio, que asistió a un espectáculo pagano, a pesar de haber hecho propósito de no mirar, “vio, gritó y se encendió en llamas impuras”.

5.4.- CUIDAR LOS DETALLES DE PUDOR Y MODESTIA, en el vestir, en la conversación, en la lectura, en el modo de sentarse y de andar. La pureza lo abarca todo a la vez: entendimiento, corazón, y cuerpo. Es una virtud delicada que exige que evitemos aun el peligro y la apariencia de mal.

5.5.- EVITAR LAS CONVERSACIONES sobre cosas impuras, ni siquiera para lamentarse: es materia más pegajosa que la pez.

5.6.- DESECHAR LAS LECTURAS de libros, revistas o diarios inconvenientes. Determinadas lecturas son directamente pecado y muchas otras, pueden llegar a ser ocasión próxima de pecado.

5.7.- NO ACUDIR A ESPECTÁCULOS Y BAILES cuando tienden a ser deshonestos. No pensar que debemos ser como los demás; sino que hemos de ser buenos cristianos.

5.8.- NO TENER NUNCA LA COBARDÍA DE SER VALIENTES: así como las tentaciones contra la esperanza hay que atacarlas, las que van contra la pureza se deben esquivar. La huida en esta materia es valentía, porque se huye en dirección del amor, en defensa de lo que más nos interesa.

5.9.- PEDIR LA PUREZA con humildad, frecuentando los sacramentos, que son la medicina de nuestra debilidad. Sin estos remedios sobrenaturales no es posible vencer en la lucha por vivir la pureza.

5.10.- SER MUY SINCEROS en la dirección espiritual:

“Apártate inmediatamente del peligro, en cuanto percibas los primeros chispazos de la pasión, y aun previamente. Habla además enseguida con quien dirija tu alma; mejor antes, si es posible, porque, si abrís el corazón de par en par, no seréis derrotados”.

“Hablar antes” significa abrir el corazón tan pronto como se perciban los primeros avisos de peligro. De todas formas, es conveniente hablar siempre con sencillez, claridad y valentía.
5.11.- NO ESTAR OCIOSOS: No nos debe sobrar el tiempo, ni un segundo. Trabajo hay siempre mucho por hacer. El mundo es grande y son millones las almas que no han oído aún con claridad la doctrina de Cristo.

5.12.- LA MORTIFICACIÓN Y LA ORACIÓN: recordad, como nos dice Jesucristo, que hay demonios que no se echan sino con la oración y el ayuno (Cfr. Mt 17:21).

5.13.- Y tener siempre una gran DEVOCIÓN A LA VIRGEN MARÍA.

“Todos los pecados de tu vida parece como si se pusieran de pie —no desconfíes—; por el contrario, llama a tu Madre Santa María, con fe y abandono de niño. Ella traerá el sosiego a tu alma” (San José María Escribá de Balaguer).

6.- UN BUEN EXAMEN DE CONCIENCIA PARA LOS PECADOS CONTRA EL SEXTO Y EL NOVENO MANDAMIENTO

Dada la gravedad y la frecuencia de este pecado, es conveniente realizar un buen examen de conciencia previo a la confesión. Les dejo aquí algunas de las preguntas que conviene hacerse con frecuencia antes de confesarse.
¿He sostenido conversaciones indecentes? (Cuentos, chistes o canciones obscenas…) ¿Cuántas veces?
¿He mirado con mirada lujuriosa? (Objetos obscenos, imágenes, revistas, dibujos, películas…) ¿Cuántas veces?
¿He leído algo deshonesto, pornográfico, o peligroso?
¿He hecho algún acto impuro: ¿solo?, ¿acompañado?, ¿de distinto sexo?, ¿de qué estado?, ¿pariente? ¿Cuántas veces?
¿Me he puesto voluntariamente en peligro u ocasión próxima de pecar? (internet, ciertos bailes, espectáculos, personas, sitios, cines, televisión, novelas…)
En el matrimonio: ¿cómo son mis relaciones: santas, puras, dignas, frívolas, peligrosas, por pasatiempo, con libertades, criminales?
También en el matrimonio: ¿he abusado de él? ¿Impido su fruto? ¿Cuántas veces?
¿Lucho contra la fuerza de la pasión? ¿Procuro resistir a la tentación? ¿Acudo en ellas a Dios y a la Santísima Virgen?

7.- VIVIR LA CASTIDAD

Según el estado de las personas, se vive la castidad de tres formas diferentes:
-Los sacerdotes y religiosos han renunciado, como ofrenda a Dios, a casarse y a tener vida sexual para entregarse totalmente al Creador.

-Los novios y solteros viven la castidad con la continencia. Los novios a través del dominio de su cuerpo demuestran que respetan el del otro y que lo aman. Los solteros en la consideración de respeto hacia su propio cuerpo.

-Las personas casadas han de vivir en castidad que viene a significar manifestar el respeto hacia el otro, y, estando siempre abiertos a una nueva vida.

Padre Lucas Prados
Visto en Adelante la Fe




martes, 7 de agosto de 2018

El Quinto Mandamiento: No matarás (Parte II y final)




EL QUINTO MANDAMIENTO: NO MATARÁS (PARTE II Y FINAL)

3.- FORMAS DE DAÑAR LA VIDA CORPORAL DEL PRÓJIMO

3.1.- EL HOMICIDIO

Por el que el hombre usurpa el derecho que sólo Dios tiene sobre la vida humana, destruye la seguridad del trato humano y suprime el mayor bien natural que hay sobre la tierra. El homicidio puede también acarrear la “muerte” del alma del asesinado. El quinto mandamiento condena como gravemente pecaminoso el homicidio directo y voluntario. El que mata y los que cooperan voluntariamente con él cometen un pecado que clama venganza al cielo (Gen 4:19). También “prohíbe hacer algo con intención de provocar indirectamente la muerte de una persona. La ley moral prohíbe exponer a alguien sin razón grave a un riesgo mortal, así como negar la asistencia a una persona en peligro”.
3.2.- EL ABORTO

El aborto provocado del feto, a partir del momento de su concepción, es un homicidio especialmente grave, porque, además de la vida corporal, priva con seguridad a la criatura inocente de la gracia de Dios: la Iglesia castiga ese crimen con la pena de excomunión. “La vida es sagrada desde el primer momento de su concepción”.

“El aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente”. Está castigado con la excomunión latae sententiae tanto para el que lo practica como para todos aquellos que participan en el mismo.

El canon 1398 del Código de Derecho canónico menciona que “una persona que realiza un aborto exitoso, incurre en la excomunión automática” (latae sententiae). Esto significa que en el mismo momento en que el aborto es consumado exitosamente, la mujer y todos los participantes son excomulgados.
El aborto se define como “el asesinato del feto, de cualquier manera o en cualquier momento, desde el momento de la concepción” (Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos, publicado en las “Actas de la Sede Apostólica” vol. 80(1988),(1818)). Esta definición aplica a cualquier significado, incluyendo drogas, por medio de la cual un ser humano en el vientre de la madre es sacrificado. Cuando una mujer está consciente de estar en estado, la muerte intencional de la nueva vida en ella, no es solamente asesinato sino una ofensa sujeta a excomunión. Una mujer que sospecha que está esperando, tiene una grave responsabilidad y debe averiguar y proteger la posible vida en ella. Cualquier acción para terminar una “posible” vida, aunque probablemente no sea materia de excomunión, si refleja una gran indiferencia por la vida y es materia de pecado grave.
Todos aquellos que colaboran en llevar a cabo el aborto, son considerados conspiradores y sujetos a ser excomulgados. Esto incluye sin duda a los médicos y las enfermeras que participaron directamente, a los esposos, familiares y otros que con cuyo consejo colaboraron en hacerlo moralmente posible para la mujer afectada, y también todos los que la apoyaron en llevarlo a cabo. (Llevando a la clínica, financiando el aborto etc.)
Claramente hablando, aquellos que piensan que la posibilidad de tener abortos químicos solucionaría el problema, se engañan a sí mismos. Solamente ampliaría el grupo sujeto a la excomunión y culpables de falta grave, incluyendo entonces a los fabricantes de las medicinas, farmaceutas y médicos familiares. También debe de tomarse en consideración que actualmente muchas píldoras anticonceptivas son abortivas. Teóricamente el uso y conocimiento de las características abortivas de estas pastillas podría causar la excomunión. Los fabricantes de estas pastillas han estado considerando últimamente la peligrosa responsabilidad que comparten.

“Ninguna circunstancia, ninguna finalidad, ninguna ley del mundo podrá jamás hacer lícito un acto que es intrínsecamente ilícito, por ser contrario a la Ley de Dios, escrita en el corazón de cada hombre, reconocible por la misma razón y proclamada por la Iglesia”. El respeto de la vida debe ser reconocido como el confín que ninguna actividad individual o estatal puede superar. El derecho inalienable de toda persona humana inocente a la vida es un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislación y como tal debe ser reconocido y respetado tanto por parte de la sociedad como de la autoridad política.
Así, podemos afirmar que “el derecho a mandar constituye una exigencia del orden espiritual [moral] y dimana de Dios. Por ello, si los gobernantes promulgan una ley o dictan una disposición cualquiera contraria a ese orden espiritual y, por consiguiente, opuesta a la voluntad de Dios, en tal caso ni la ley promulgada ni la disposición dictada pueden obligar en conciencia al ciudadano (…); más aún, en semejante situación, la propia autoridad se desmorona por completo y se origina una iniquidad espantosa” (Juan XXIII, Encíclica Pacem in terris, 51). Tanto es así que “leyes de este tipo no sólo no crean ninguna obligación de conciencia, sino que, por el contrario, establecen una grave y precisa obligación de oponerse a ellas mediante la objeción de conciencia” (Juan Pablo II, Encíclica Evangelium vitae, 73). “Puesto que debe ser tratado como una persona desde la concepción, el embrión deberá ser defendido en su integridad, cuidado y atendido médicamente en la medida de lo posible, como todo otro ser humano” (CEC, 2274).

3.3.- EL DUELO

Participa de la malicia del homicidio y del suicidio, pues es la lucha concertada de antemano entre personas con armas propias para matar o herir gravemente. Además del pecado mortal que cometen los duelistas y sus cómplices, la Iglesia castiga a unos y otros con severas penas canónicas.
3.4.- MUTILACIONES, CAMBIOS DE SEXO Y MANIPULACIÓN EMBRIONARIA

Son consideradas también formas de dañar el propio cuerpo: las mutilaciones (ligadura o sección de las trompas de Falopio para evitar los embarazos), los cambios de sexo, la manipulación genética y embrionaria que no tenga fines curativos.

Exceptuados los casos de prescripciones médicas de orden estrictamente terapéutico, las amputaciones, mutilaciones o esterilizaciones directamente voluntarias de personas inocentes son contrarias a la ley moral. Por lo tanto, no son contrarias a la ley moral aquéllas que se siguen de una acción terapéutica necesaria para el bien del cuerpo tomado en su totalidad, y que no se quieren ni como fin ni como medio, sino que se sufren y se toleran.
3.5.- LAS LESIONES

Las lesiones están también, lógicamente, prohibidas por este mandamiento, que, además de dar muerte, prohíbe golpear, herir o hacer cualquier otro daño al prójimo en el cuerpo, ya por sí, ya por otros. Como también agraviarle con palabras injuriosas o quererle mal.
4.- OTROS PECADOS CONTRA EL QUINTO MANDAMIENTO SE COMETEN DAÑANDO LA CONVIVENCIA

Además de los pecados por falta del amor y respeto debido al prójimo, se puede quebrantar  la caridad para con el prójimo con los siguientes pecados, que presentan aspectos internos de este mandamiento, que liga también los pensamiento y los afectos.

4.1.- EL ODIO

El odio que es desear el mal del prójimo. “El que tiene odio a su hermano es un homicida” (1 Jn 3:15). Se da cuando la ira no encuentra un decidido freno en la voluntad. El hombre cegado por este afán malsano lleva camino de incurrir en todo género de pecados; continuamente cae en juicios temerarios y siniestros, en iras, envidias, detracciones, y, especialmente, en una sed de venganza, que le lleva a buscar la ocasión para resarcirse de las injurias recibidas, tomando la justicia por su mano. Los pecados internos contra el quinto mandamiento comienzan justamente en esos repentinos enconos que —aunque retenidos en el corazón— enfrentan al hombre con sus semejantes; y puede ser pecado grave sí se da de ellos alguna señal. Por eso es preciso moderar siempre el ímpetu de la pasión, sin permitir que deje algún rastro de rencor.

El corazón del hombre vengativo se encuentra en el extremo opuesto de la mansedumbre y de la paz que predicó Jesús en el sermón de la Montaña (Mt 5: 4-9), que puso como norma de conducta para todos los cristianos.
4.2.- LA ENVIDIA

Del latín “invidĭa”. La envidia es el deseo de obtener algo que posee otra persona y que uno carece. Se trata, por lo tanto, del pesar, la tristeza o el malestar por el bien ajeno. En este sentido, la envidia constituye el resentimiento (el sujeto no quiere mejorar su posición sino que desea que al otro le vaya peor).

La envidia es uno de los sietes pecados capitales, ya que supone la fuente de otros pecados. El envidioso desea tener algo a costa de privar a otra persona de dicha posesión.
Esta doble condición de desear algo que no se tiene y pretender obtenerlo a partir de lo que otro tiene hace que la envidia cause infelicidad y dolor a aquel que experimenta el sentimiento. El envidioso no se conforma con obtener algo, sino que quiere producir mal a la persona que tiene lo que él envidia.
4.3.- LA DISCORDIA, que es la disensión de voluntades en lo tocante al bien de Dios y del prójimo, y que no se desea superar.

4.4.- LA RIÑA, que procede muchas veces de la discordia y consiste en la pelea verbal, o con golpes y heridas, contra el prójimo.

4.5.- LA VIOLENCIA CONTRA LA SOCIEDAD, que, como la guerra, se opone directamente al bien de la comunidad.

5.- PECADOS CONTRA LA VIDA ESPIRITUAL

Pecan también contra el quinto mandamiento los que atentan contra la vida o salud espiritual del prójimo. Los cristianos, como consecuencia del amor que debemos tener a todos, estamos obligados a ayudar a los demás para que se acerquen a Dios, con la comprensión, alabando lo bueno, sabiendo aconsejar y animar en sentido siempre positivo y optimista, corrigiendo al que yerra cuando sea oportuno y llenando todos los ambientes de la convivencia humana de paz y de alegría.
EL ESCÁNDALO 
A la caridad que exige el quinto mandamiento, se opone de un modo directo el pecado de escándalo, es decir, las palabras, hechos u omisiones que inducen al prójimo a ofender a Dios:
– Es pecado grave porque pretende destruir la obra más grande de Dios, que es la Redención,  provocando la pérdida de las almas. Nuestro Señor nos advirtió claramente de la gravedad de este pecado.
El escándalo directo puede ser causado por odio —entonces es diabólico— o por pasión. Pretende directamente el pecado ajeno.
Se puede también provocar escándalo indirectamentecuando se obra de modo ligero e imprudente y, con el debido cuidado, se hubiera podido prever y evitar las consecuencias malas.

El escándalo indirecto es el más corriente, y se evita con la buena formación de la conciencia. Existen muchas maneras y campos de la vida social en que es fácil provocar escándalo: comentarios poco justos, de palabra y por escrito; ciertos espectáculos; la distribución de libros y revistas; las modas, los nuevos medios comunicación; etc.
6- LA REPARACIÓN

Hay obligación de reparar de manera proporcionada a los que se haya perjudicado en el cuerpo o en el alma. Es decir, no es bastante que uno se confiese: ha de reparar el mal que ha hecho, resarciendo los daños producidos, retractándose de los errores que enseñó, dando buen ejemplo, etc.
7.- EL PERDÓN

Se debe procurar no odiar al enemigo y renunciar a la venganza, que son los límites negativos que impone el quinto mandamiento: el que los traspasa mata de raíz la caridad fraterna, contenido positivo del precepto.
Para saber perdonar las ofensas e injurias debemos tener presente que:
-Las injurias, aunque pueden pecar los que las hacen, las permite Dios, y pueden servirnos para nuestra purificación personal: “Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5:9);
-si perdonamos las ofensas ajenas, Dios nos perdonará las nuestras, y nos ennoblecemos al asemejarnos a Dios que nos perdonó y sigue perdonando a los pecadores;
-si guardamos odio o rencor contra los que nos ofenden, este pecado se acabará clavando tan profundamente en nuestro corazón, que nos apartará de Dios y nos llevará a cometer otros muchos pecados.

Para no admitir en nosotros el odio o el rencor, nos conviene:
-Contemplar la Pasión sufrida por Nuestro Señor con objeto de recibir el castigo merecido por nuestros pecados;
-pensar en el juicio que sigue a la muerte, en el que necesitaremos de mucha misericordia de Dios.
8.- LA MISERICORDIA

La caridad lleva necesariamente a buscar el bien de los demás y a remediar sus miserias como si fueran propias. En esto consiste justamente la misericordia.
Es propio de Dios tener misericordia y perdonar; ya que su misericordia se derrama constantemente sobre nuestra indigencia. De ahí que, para seguir sus pisadas y querer de verdad a Dios y a los demás por Dios, debamos ejercitar las obras de misericordia, tanto corporales como espirituales.
Santo Tomás estudia la misericordia como uno de los efectos interiores del amor, acto principal de la virtud de la caridad.
El Señor nos ha dicho: “Sed misericordiosos como también vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6:36); “cuanto hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”(Mt 25:40), y “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt 5:7).

La Iglesia ha codificado tradicionalmente las manifestaciones de la misericordia en siete obras espirituales y siete corporales.
Hay catorce obras de misericordia: siete corporales y siete espirituales.
OBRAS DE MISERICORDIA CORPORALES:

1) Visitar a los enfermos.
2) Dar de comer al hambriento.
3) Dar de beber al sediento.
4) Dar posada al peregrino.
5) Vestir al desnudo.
6) Visitar a los presos.
7) Enterrar a los difuntos.
OBRAS DE MISERICORDIA ESPIRITUALES:

1) Enseñar al que no sabe.
2) Dar buen consejo al que lo necesita.
3) Corregir al que se equivoca.
4) Perdonar al que nos ofende.
5) Consolar al triste.
6) Sufrir con paciencia los defectos del prójimo.
7) Rezar a Dios por los vivos y por los difuntos.
Las obras de misericordia corporales, en su mayoría surgen de una lista hecha por Jesucristo en su descripción del Juicio Final. La lista de las obras de misericordia espirituales la ha tomado la Iglesia de otros textos que están a lo largo de la Biblia y de actitudes y enseñanzas del mismo Cristo: el perdón, la corrección fraterna, el consuelo, soportar el sufrimiento, etc.
Todas son importantes, porque el hombre está hecho de carne y espíritu, y como tal ha de dar gloria a Dios. Sin embargo, las espirituales alcanzan de modo más inmediato el fin de la caridad, y guardan cierta preeminencia sobre las corporales, ya que el don espiritual siempre es mejor.
Junto a eso, cada uno ha de procurar poner remedio según su capacidad a las necesidades materiales de los demás, principalmente ejerciendo la propia profesión y los derechos y deberes de ciudadano con el pensamiento puesto en los demás, con espíritu de justicia y de misericordia; así podrá contribuir de manera eficaz a resolver los problemas y miserias de la sociedad, tanto materiales como espirituales. De ahí que la preocupación por socorrer al prójimo en las necesidades del alma, deba estar presente en todas las circunstancias de la vida del cristiano.
Padre Lucas Prados
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