EL CAMINO: "YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA, NADIE VA AL PADRE SINO POR MÍ". (JUAN 14:6)

"BUSCAD PRIMERAMENTE EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA, Y TODO LO DEMÁS SE OS DARÁ POR AÑADIDURA". (MATEO 6:33)

"Y EN NINGÚN OTRO HAY SALVACIÓN, PORQUE NO HAY OTRO NOMBRE BAJO EL CIELO DADO A LOS HOMBRES, EN EL CUAL PODAMOS SER SALVOS". (HECHOS 4:12)

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sábado, 28 de abril de 2018

San Luis María Grinion de Montfort


“¿Qué miras, caminante? Una antorcha apagada, 
un hombre a quien el fuego del amor consumió, 
y que se hizo todo para todos, Luis María Grignion Monfort”. 
(Epitafio sobre su tumba).

LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT (1673 – 1716).
Fiesta: 28 de abril.
"Ad Jesum Per Mariam" (A Jesús por María).
Por SCTJM

PRIMEROS AÑOS

San Luis nació en Montfort, Francia el 31 de enero de 1673 de una familia muy numerosa, él siendo el mayor de 18 hermanos. Uno de ellos murió en su infancia, tres fueron sacerdotes y tres religiosas. San Luis sobresalía entre sus amigos por su habilidad y su extraordinaria fortaleza física. De carácter era más bien tímido y prefería la soledad.

Desde joven, San Luis tenía una gran devoción a la Eucaristía y a la Virgen María. Frecuentemente lo encontraban rezando por largo rato frente a una imagen de la Virgen. Cuando tuvo suficiente edad, pidió permiso para asistir en la misa de la parroquia en las mañanas. Como la Iglesia le quedaba a dos millas de su casa, tenía que levantarse muy temprano para llegar a tiempo.  Mientras estudiaba con los jesuitas en Rennes siempre visitaba la iglesia antes y después de las clases. Participó en una sociedad de jóvenes que durante las vacaciones servían a los pobres y los enfermos incurables. Les leían libros inspirados durante las comidas.

Pero no todo en su juventud era de color de rosas. Su padre, Jean Grignion, tenía la fama de ser uno de los hombres más coléricos en toda la región de Rennes. Y como Luis era el hijo mayor, era quien sentía más el peso de la furia. Su padre constantemente lo incitaba a la ira. Ya por sí mismo Luis tenía un temperamento tan fuerte como el de su padre, lo cual le hacía aún más difícil soportar aquellas pruebas. Para evitar un enfrentamiento con su padre, y el mal que su ira podría traer, Luis salía corriendo. Así evitaba la ocasión de pecado. Era todo lo que Luis podía hacer para controlar su temperamento. En vez de empeorar, a través de estas demostraciones de ira de su padre, Luis aprendió a morir a sí mismo y aprendió a ser paciente, dulce y a crecer en virtud. Su padre, sin quererlo, le proporcionó un medio para entrar en la lucha por la santidad a una temprana edad.

UN TOQUE DE GRACIA LO LLEVA AL SACERDOCIO

Entre los 16 y 18 años, San Luis tuvo una experiencia de Dios que marcó su vida para siempre. Ante este encuentro personal e íntimo con Dios, la vida de Luis cambió radicalmente. Se entregaba totalmente a la oración y a la penitencia, encontrando su delicia tan solo en Dios. San Luis aprendió rápidamente que lo que verdaderamente valía no eran los grandes acontecimientos en este mundo: el dinero, la fama, etc. Sino que el verdadero valor ante Dios estaba en la transformación interior.

Escribe San Luis: "Esta es la forma en que actúan las almas predilectas. Se mantienen dentro de su casa .... o sea, mantienen sus mentes en las verdades espirituales (y no en las de la tierra). Se aplican a la oración mental, siguiendo el ejemplo de María, su madre, cuya mayor gloria durante su vida era su vida interior y quien amaba tanto la oración mental. Estas almas observan como tantos trabajan y gastan grandes energías e inteligencia para ganar éxitos y reconocimiento en la tierra. Por la luz del Espíritu Santo, saben que hay más gloria y más gozo, permaneciendo escondidos en Cristo y en perfecta sumisión a María, que en hacer grandes cosas o grandes milagros." 

En 1693, a los 20 años, siente el llamado de consagrar su vida a Dios a través del Sacerdocio. La primera reacción de su padre no era favorable, pero cuando el padre vio la determinación de su hijo, le dio su bendición. Y así, a finales de ese año, San Luis sale de su casa hacia París.

EL SEMINARIO 

Renunciando a la comodidad de su caballo, San Luis se decidió caminar los 300 kilómetros hacia el seminario en París. Durante su camino, se encuentra con dos pobres, en distintos momentos. Al primero le da todo el dinero que su padre le había entregado, quedándose sin nada. Al segundo, no teniendo ya más dinero que darle, le entrega su único traje, regalo de su madre, cambiándolo por los trapos del pobre. De esta manera, San Luis marca lo que ha de ser su vida desde ese momento en adelante. Ya no se limitará a servir a los pobres, pues es ya uno de ellos. Hace entonces un voto de vivir de limosnas.

En aquella época había seminarios separados para ricos y pobres. Cuando llega San Luis al seminario, viéndolo en tan miserable condición, los superiores lo mandan al seminario de los pobres. Así se privó de las ventajas ofrecidas en el mejor seminario. En el seminario, San Luis fue bibliotecario y velador de muertos, dos oficios que eran poco queridos por los demás. Mas en el plan providente de Dios le proporcionaron oportunidades de mucha gracia y crecimiento.

Por su oficio de bibliotecario, San Luis pudo leer muchos libros, sobre todo, libros de la Virgen María. Todos los libros que encontraba de ella, los leía y estudiaba con gran celo. Este período llegó a ser para él, la fundación de toda su espiritualidad Mariana.

El oficio de velar a los muertos fue también de gran provecho. Era su responsabilidad pasar toda la noche junto con algún muerto. Ante la realidad de la muerte que estaba constantemente ante sus ojos, San Luis aprendió a despreciar todo lo de este mundo como vano y temporal. Esto lo llevó a atesorar tesoros en el cielo y no en la tierra. Él llegó a reconocer que nada se debe esperar de los que es de este mundo más todo de Dios.

Su tiempo en el seminario estuvo lleno de grandes pruebas. San Luis era poco comprendido por los demás. No sabían cómo lidiar con él, si como un santo o un fanático. Sus superiores, pensando que toda su vida estaba movida más bien por el orgullo que por el celo de Dios, lo mortificaban día y noche. Lo humillaban y lo insultaban en frente de todos. Sus compañeros en el seminario, viendo la actitud de los superiores, también lo maltrataban mucho. Se reían de él, lo rechazaban muy a menudo. Y todo esto San Luis lo recibió con gran paciencia y docilidad. Es más, lo miraba todo como un gran regalo de Cristo quién le había dado a participar de Su Cruz.

SACERDOTE

El 5 de junio de 1700, San Luis, a los 27 años, fue ordenado sacerdote. Escogió como lema de su vida sacerdotal: "ser esclavo de María". Enseguida empezaron a surgir grandes cruces en su vida. Pero no se detenía a pensar en sí mismo, sino que su gran sueño era llegar a ser misionero y llevar la Palabra de Cristo a lugares muy distantes.

Después de su ordenación, sus superiores no sabían aún cómo tratar con él. San Luis estaba ansioso de poder empezar sus obras apostólicas. Sin embargo sus superiores le negaron sus facultades de ejercer como sacerdote, no podía confesar ni predicar y lo mantuvieron un largo tiempo en el seminario haciendo varios oficios menores. Esto fue un gran dolor para San Luis, no por los trabajos humildes sino por no poder ejercer su sacerdocio.  Tenía como único deseo dar gloria a Dios en su sacerdocio y en sus obras misioneras. Mas como siempre, San Luis obedeció con amor.

Después de casi un año en el seminario, por fin san Luis se encontró con un sacerdote, que se encargaba de organizar una compañía de misioneros, y le invitó a acompañarlo en otro pueblo. Sus superiores, aprovechando esta oportunidad para librarse de él, le dieron permiso.  A san Luis le esperaba otra gran decepción, pues cuando llegó a la casa de los padres misioneros, vio tan grandes abusos y mediocridad entre ellos que no le quedaba duda de que no podía quedarse. Escribió inmediatamente a su superior del seminario pidiendo regresar a París, pero este le dijo que estaba siendo malagradecido y le hizo quedarse.  san Luis, que obedecía santamente a sus superiores, se quedó. Aunque no le daban permiso para confesar y pasaba los días enseñándole catecismo a los niños.

CAPELLÁN DE HOSPITAL 

Después de varios meses en que se encuentra relegado, san Luis es asignado capellán del hospital de Poitiers, un asilo para los pobres y marginados. No era el apostolado que san Luis buscaba, pues su deseo era ser misionero, pero aceptó con docilidad.  Cuando ya percibía los frutos, llegó la prueba otra vez. Los poderosos del mundo no podían aceptar la simplicidad y naturalidad que tenía san Luis con los pobres y empezaron los ataques y la persecución.  Vive, como todos los santos, el sufrimiento de Cristo. 

De vuelta en París, el predilecto de la Virgen Santísima empieza a ver cómo las puertas se le cerraban con rapidez. Muchos, no entendiéndolo, crean falsos testimonios de él, desacreditándolo como sacerdote y como hombre. Es rechazado hasta por sus amigos más íntimos. Fue tanto el rechazo contra él, que en uno de los hospitales en que servía, su superior le puso una nota bajo su plato a la hora de la cena informándole que ya no necesitaba de su ministerio. Hasta su propio obispo empieza a dudar seriamente de él y dos veces lo manda a callar.

San Luis, aunque sufrió enormemente, se mantuvo firme en su fe actuando como un santo sacerdote. Dios lo estaba purificando y fortaleciendo para que su vida sea un amor puro a Dios y al prójimo. En su total humillación y abandono de todos se abre cada vez más a la total conciencia de que Dios es su único apoyo, su única defensa. Él ve en esto una nueva oportunidad de abrazar su determinación de vivir en plena pobreza, tanto espiritual como física. También llega a entender que la razón de los ataques es la doctrina Mariana que enseña.   Primero porque Satanás no la quiere y segundo porque la humanidad no está dispuesta a abrazar sus enseñanzas.

RECURSO AL PAPA QUIEN LE HACE MISIONERO

San Luis decide, en el año 1706, recurrir al Santo Padre, el papa Clemente XI.   Quería saber si en verdad estaba errado como todos decían o si cumplía la voluntad de Dios, lo cual era su único deseo. Se logra el encuentro y San Luis recibe del Papa la bendición y el título de Misionero Apostólico. 

Durante su vida apostólica como misionero, san Luis llegará a hacer doscientas misiones y retiros. Con gran celo predicaba de pueblo en pueblo el Evangelio.  Su lenguaje era sencillo pero lleno de fuego y amor a Dios.  Sus misiones se caracterizaban por la presencia de María, ya que siempre promovía el rezo del Santo Rosario, hacía procesiones y cánticos a la Virgen. Sus exhortaciones movían a los pobres a renovar sus corazones y, poco a poco, volver a Dios, a los sacramentos y al amor a Cristo Crucificado. San Luis siempre decía que sus mejores amigos eran los pobres, ante quienes abría de par en par su corazón. 

FUNDADOR

Un año antes de su muerte, el padre Montfort fundó dos congregaciones: Las hermanas de la Sabiduría, dedicadas al trabajo de hospital y la instrucción de niñas pobres, y la Compañía de María, misioneros.  Hacía años que soñaba con estas fundaciones, pero las circunstancias no le permitían realizar este sueño. En su lecho de muerte la obra parecía haber fracasado. Solo había cuatro hermanas y dos sacerdotes con unos pocos religiosos.  Pero el padre Montfort, quien tenía el don de profecía, sabía que el árbol crecería. Al comienzo del siglo XX las Hermanas de la Sabiduría eran cinco mil, con cuarenta y cuatro casas, dando instrucción a 60,000 niños.

Después de la muerte del fundador, la Compañía de María fue gobernada durante 39 años por el padre Mulot. Al principio había rehusado unirse a Montfort en su trabajo misionero.  "No puedo ser misionero", decía, "porque tengo un lado paralizado desde hace años; tengo infección de los pulmones que apenas me permite respirar, y estoy tan enfermo que no descanso día y noche."  Pero san Luis, inspirado por Dios, le contestó, "En cuanto comiences a predicar serás completamente sanado", y así ocurrió.

SUS VIRTUDES 

Los santos son hombres que aman con todo el corazón y el corazón da fruto en virtud.   Los frutos no se dan sin la entrega y el sacrificio perseverante.  San Luis María Grignion de Montfort es un hombre de oración constante, ama a los pobres y vive la pobreza con radicalidad, goza en las humillaciones por Cristo. 


ALGUNAS ANÉCDOTAS

-En una misión para soldados en La Rochelle, estos, movidos por sus palabras, lloraban y pedían perdón por sus pecados a gritos.  En la procesión final un oficial caminaba a la cabeza, descalzo, llevando la bandera. Los soldados, también descalzos, seguían llevando en una mano el crucifijo y en la otra el rosario mientras cantaban himnos. 

-Cuando anunció su plan de construir un monumental Calvario en una colina cercana a Pontchateau, muchos respondieron con entusiasmo. Por quince meses, entre doscientos y cuatrocientos campesinos trabajaron diariamente sin recompensa.  Cuando la magna obra estaba recién terminada, el rey ordenó que todo fuese destruido.  Los Jansenistas habían convencido al gobernador de Bretaña que se estaba construyendo una fortaleza capaz de ayudar a una revuelta. El padre Montfort actuó con una gran paz ante la situación.  Solo exclamó: "Bendito sea Dios".

-En una ocasión, cuando el obispo lo había mandado a callar, San Luis obedientemente se retiró en oración. Fue durante ese tiempo que escribió "A los Amigos de la Cruz", un fabuloso tratado que enseña la necesidad y la práctica de llevar la cruz.

-Los Jansenistas (seguidores de Jansenio que terminaron en herejía), irritados por los éxitos del padre Montfort, logran por medio de intrigas que se le expulse del distrito en que daba una misión.

-En La Rochelle trataron de envenenarlo con una taza de caldo y, a pesar del antídoto que tomó, su salud fue dañada permanentemente.

-En otra ocasión trataron de asesinarlo cuando caminaba por una estrecha calle. Él tuvo un presentimiento de peligro y escapó por otra calle.

¿Y CUÁL ES LA ESPIRITUALIDAD TAN ATACADA?

La espiritualidad de san Luis María a día de hoy sigue siendo perseguida por muchos, aun en la Iglesia. El motivo de tal persecución es porque enseña un camino muy claro y exigente, que no permite ambigüedades ni medias tintas. El amor lo reclama todo. 

La espiritualidad de san Luis María de Montfort se basa en dos fundamentos:

1-Reproducir la imagen de Cristo Crucificado en nosotros.

2-Hacerlo a través y por medio de nuestra consagración a María como esclavo de amor.

En otras palabras: vivir la Cruz Redentora a través de María.

Toda la vida de san Luis fue centrada sobre un deseo:  La adquisición de la Sabiduría Eterna que es Jesucristo, Hijo de Dios e Hijo de María. 

Optó por una condición radical de vida formulada como "La santa esclavitud" o la esclavitud voluntaria de amor a la Virgen Santísima para llevarnos a la de Cristo. A ella le entregamos cuerpo y alma para que haga con nosotros lo que quiera pues todo lo que ella quiere es de Dios. La Virgen, Gestora de Cristo, pasa a ser la que dispone de nosotros.

Es una vía de perfección y unión, de ascética radical y de misticismo dentro del corazón de María Santísima. Enseña que el alma abandonada en las manos de la Madre es unida a la obediencia del Hijo.  Esta entrega es total cuando el alma se separa de todo apego terrenal y así es reengendrada en el seno de María donde se encarnó Jesús.  Llega a ser así perfecta imagen de Dios quien escogió ser obediente a  Dios hasta la Cruz.

San Luis no ve en María una simple devoción piadosa y sentimental, sino una devoción fundada en teología sólida, la cual proviene del misterio inefable de lo que Dios ha optado realizar por su mediación y por su perfecta docilidad a esa obra. Esto es muy importante, ya que es este desarrollo lo que ha hecho posible la revolución teológica que causó san Luis de Montfort.

Su Santidad Juan Pablo II fue un gran devoto de Montfort. De él tomó su lema "Totus Tuus" y se refirió al santo en su encíclica Mariana Redemptoris Mater y en muchas otras ocasiones. También visitó su tumba Saint Laurent sur Sevre, añadiéndola al itinerario de su visita a Francia.  Allí, junto a la tumba sufrió un atentado, plantaron una bomba que fue descubierta por la seguridad. Providencialmente, nada detuvo al Papa de honrar al santo que tanto amaba.

ESCRITOS

San Luis dio a la Iglesia las obras más grandes que se han escrito sobre la Virgen Santísima: “El Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen”, “El Secreto de la Virgen”, y “El Secreto del Rosario”. A estos libros se añade "A los Amigos de la Cruz".  La Iglesia ha reconocido sus libros como expresión auténtica de la doctrina eclesial. El papa Pío XII, quién canonizó a san Luis dijo: "Son libros de enseñanza ardiente, sólida y autentica." 

MUERTE Y CANONIZACIÓN

-San Luis murió en  Saint Laurent sur Sevre el 28 de Abril de 1716, a la edad de 43 años.

-Fue beatificado en 1888 y canonizado el 20 de Julio de 1947. 

-Es venerado como sacerdote, misionero, fundador y, sobre todo, como Esclavo de la Virgen María.

Sobre la tumba de San Luis de Monfort reza este hermoso epitafio:

“¿Qué miras, caminante? Una antorcha apagada, un hombre a quien el fuego del amor consumió, y que se hizo todo para todos, Luis María Grignion Monfort”. 

-¿Preguntas por su vida? No hay ninguna más íntegra.

-¿Su penitencia indagas? Ninguna más austera.

-¿Investigas su celo? Ninguno más ardiente.

-¿Y su piedad Mariana? Ninguno a San Bernardo más cercano. Sacerdote de Cristo, a Cristo reprodujo en su conducta, y enseñó en sus palabras. Infatigable, tan sólo en el sepulcro descansó, fue padre de los pobres, defensor de los huérfanos, y reconciliador de los pecadores. Su gloriosa muerte fue semejante a su vida. Como vivió, murió. Maduro para Dios, voló al cielo a los 43 años de edad.

Fuente: Corazones.org

¡San Luis María Grinion de Montfort, ruega por nosotros!






martes, 9 de enero de 2018

El Reino de María

"Y pondré enemistad entre ti y la mujer; y entre tu linaje y su linaje: este te aplastará la cabeza, y tú le aplastarás el calcañar". (Génesis 3:15)

La Sagrada Escritura empieza y termina con la batalla entre la Mujer y la antigua serpiente. Esta batalla, del Dragón contra la Verdadera Religión, «es también guerra de sus respectivas iglesias: la sinagoga de satanás contra la Iglesia de Cristo, es decir, es el establecimiento de la enemistad interpuesta por Dios entre la serpiente y la Mujer y entre los linajes o descendencias de ambos».

«Dios no ha hecho ni formado nunca más que una sola enemistad, mas ésta irreconciliable, que durará y aumentará incluso hasta el fin, y es entre María, su digna Madre, y el diablo; entre los hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y secuaces de Lucifer, de suerte que el más terrible de los enemigos que Dios ha creado contra el demonio es María».

1-«Dios te salve Reina y Madre».

En el reino de Israel, la madre del rey (del hebreo Gebirah=«la gran señora» tenía el oficio exaltado de reina madre, que con ese noble oficio, asistía al rey en el gobierno del reino.

El oficio y la autoridad de la reina madre, por su estrecha relación con el rey la hacían la más poderosa abogada ante el monarca en pro del pueblo del reino. Nadie tenía mayor poder de intercesión ante el rey que su madre, quien a veces se sentaba a la derecha del rey.

La figura y el oficio de la reina madre del Antiguo Testamento, preanuncia proféticamente el oficio de la gran Reina Madre y Señora del Nuevo Testamento: María de Nazaret se convierte en la Reina y Madre en el Reino de Dios, como la Madre de Cristo, Rey de todas las naciones.

El primero que con su voz celestial anunció a María su oficio real fue el mismo arcángel Gabriel: El será grande y será llamado el Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre, y reinará sobre la casa de Jacob por los siglos, y su, reinado no tendrá fin.

También es reconocida la Santísima Virgen María en su oficio real en las palabras de su prima Isabel: ¿Y de dónde me viene, que la madre de mi Señor venga a mí?

Con la inspiración del Espíritu Divino, Santa Isabel se refiere al nuevo oficio de la Virgen María, y de acuerdo al lenguaje de la corte del antiguo Israel, que solamente asignaba el título de Madre de mi Señor refiriéndose a la madre del monarca gobernante a quien se llamaba Mi Señor.

Los Escolásticos copiosamente aplican a la gloriosa Virgen las hazañas de Ester, esposa del Rey y Reina con él, y de Betsabé, madre de Salomón. Y es para ellos cosa tan averiguada que María sea Reina de lo creado, que este calificativo lo usan, sin más, como sustantivo del nombre de la Virgen. Así, Santo Tomás, San Alberto Magno, San Buenaventura y todos en general.

María Santísima no es una madre cualquiera, dará a luz un hijo que será Rey eterno, y por cuya eternidad se concederá también la eternidad a los demás mortales.
María Santísima será la Madre del Eterno, y la Madre de los eternos, que serán todos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen.

Así María, al darnos al eterno Rey formado con su propia carne y sangre, abre las puertas de la inmortalidad a cuantos reciban a este Rey, se sometan gustosamente a sus mandatos y aspiren al disfrute de su amor en el Reino del Padre.
Ella es Reina y Señora supeditada a Cristo y sólo porque Él le dio el dominio y la Realeza. El buen sentido cristiano indica la inmensa distancia que media entre Hijo y Madre, en efecto, Cristo es Rey por naturaleza: manda en todas las cosas, porque todas fueron creadas por Él, en cuanto es Dios, y para Él aun en cuanto es hombre. Y su potestad tiene todas las características propias y verdaderas de dominio público. Él es legislador, cuyas leyes han de acatar todos los hombres; y juez, cuya sentencia determinará definitivamente y para siempre sus destinos eternos.
Como señala el Papa Pío XII en la encíclica sobre la Realeza de la Santísima Virgen María: a la Reina del Cielo, ya desde los primeros siglos de la Iglesia católica, elevó el pueblo cristiano suplicantes oraciones e himnos de loa y piedad, así en sus tiempos de felicidad y alegría como en los de angustia y peligros; y nunca falló la esperanza en la Madre del Rey divino, Jesucristo, ni languideció aquella fe que nos enseña cómo la Virgen María, Madre de Dios, reina en todo el mundo con maternal corazón, al igual que está coronada con la gloria de la realeza en la bienaventuranza celestial.

En efecto, la mariología de todos los siglos ha exaltado la Realeza de la Madre del Señor.
La Sagrada Liturgia, los Sumos Pontífices y el lenguaje común de los fieles han dado a la Santísima Virgen María el título de Reina y Señora de todo lo creado.
El Papa San Pío X, nos dice que Jesús está sentado a la diestra de la Majestad «y María a su derecha, como Reina».

San Efrén escribe: «Reina de todos los seres, nuestra gloriosísima Señora, aquella cuyos servidores y clientes somos, nos gobierna y rige a todos».

San Juan Damasceno: «No fue dejado en la tierra tu cuerpo inmaculado y libre de toda mancha, sino que, como Reina, Señora y Madre verdadera de Dios, fuiste trasladada a las regias mansiones».

«Que los represente a todos Fray Conrado de Sajonia, que escribe en el “Espejo de la B. V. María”: “María significa señora. Este significado conviene sobrenaturalmente a tan gran Emperatriz, que es verdaderamente Señora del cielo, de la tierra y de los infiernos. Señora, digo, de los ángeles, de los hombres y de los demonios».

La veneramos en la letanía lauretana: Reina de los ángeles, Reina de los patriarcas, Reina de los profetas, Reina de los apóstoles, Reina de los mártires, Reina de los confesores, Reina de las vírgenes.

II. «El reino de Jesucristo por el reino de María».

Pero es San Luis María Grignion de Montfort ante todo en la Iglesia de Dios, sin excluir a otros, el profeta y el apóstol del reino de María, y por medio de él, del reino de Cristo. Como explica el Padre J. Mª. Hupperts S.M.M.:

En «El Secreto de María», larga carta escrita a una religiosa en los primeros años de su carrera apostólica, parte del punto de vista de la santificación del alma, que sólo puede obtenerse por una gracia abundante, y para ello por la Santísima Virgen, Mediadora de la gracia, y por una grandísima devoción hacia Ella. En el «Tratado de la Verdadera Devoción» su campo de visión se amplió notablemente. Apunta directamente al reino de Jesucristo que, según su convicción, sólo puede lograrse por el reino de María, o por la práctica universalizada de una perfectísima devoción a la Santísima Virgen. Lograr esto es el fin de su libro, al que él mismo llama «preparación al reino de Jesucristo» (nº 227).

Si el reino de Cristo comenzó en el mundo por María, sólo por María llegará a ser real y llegará a su plenitud: «De suerte que, si el conocimiento y reinado de Jesucristo han de dilatarse en el mundo – como ciertamente sucederá-, esto acontecerá como consecuencia necesaria del conocimiento y reinado de la Santísima Virgen, quien lo trajo al mundo la primera vez y lo hará resplandecer la segunda».

La aspiración del gran San Luis Marìa Grignion de Montfort no tardó en convertirse en una de las súplicas clásicas de la piedad cristiana:
¡Ut adveniat regnum tuum, adveniat regnum Mariæ! ¡Para que venga a nosotros tu reino, venga el reino de María!

La tesis de San Luis María de Montfort, dogmática, pero ante todo profética, se subdivide en cinco proposiciones:
Primera proposición: El reino de Cristo vendrá.

«Si, pues, como es cierto, el conocimiento y el reino de Jesucristo llegan al mundo…», escribe Montfort en una solemne declaración que concluye su admirable Introducción al «Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen». Es cierto que lo dice con pocas palabras; pero esta afirmación, dado el énfasis con que la profiere, es perfectamente clara y decisiva. En «El Secreto de María» se lee también: «¿No se podrá decir también que por María ha de venir Dios una segunda vez, como toda la Iglesia lo espera, para reinar en todas partes…?». Y un poco más lejos: «Se debe creer que hacia el fin de los tiempos… Dios suscitará grandes hombres para destruir el pecado [en el mundo] y establecer en él el reino de Jesucristo, su Hijo, sobre el del reino corrompido». 

Segunda proposición: El reino de Cristo sólo vendrá por el reino de María.

Montfort Abre la Introducción al Tratado de la Verdadera Devoción, con esta síntesis admirable: «Por la Santísima Virgen Jesucristo ha venido al mundo, y también por Ella debe reinar en él».

Introducción, que finaliza con las siguientes palabras, que son tal vez las más notables que jamás haya escrito Montfort: «Si, pues, como es cierto, el conocimiento y el reino de Jesucristo llegan al mundo, ello no será sino continuación necesaria del conocimiento y del reino de la Santísima Virgen, que lo dio a luz la primera vez y lo hará resplandecer la segunda».

Tercera proposición: Este reino de María vendrá.

«María casi no ha aparecido en el primer advenimiento de Jesucristo… Pero, en el segundo advenimiento de Jesucristo, María debe ser conocida y revelada mediante el Espíritu Santo, a fin de hacer por Ella conocer, amar y servir a Jesucristo».

«Dios quiere, pues, revelar y descubrir a María, la obra maes­tra de sus manos, en estos últimos tiempos».

«Dios quiere que su santa Madre sea al presente más conocida, más amada, más honrada que nunca».

«Más que nunca me siento animado a creer y a esperar todo lo que tengo profundamente grabado en el corazón, y que pido a Dios desde hace muchos años, a saber: que tarde o temprano la Santísima Virgen tendrá más hijos, servidores y esclavos de amor que nunca, y que por este medio Jesucristo, mi querido Dueño, reinará en los corazones más que nunca.» 

Cuarta proposición: Este reino de María se establecerá por la práctica de la Devoción mariana perfecta.

«Dios quiere que su santa Madre sea al presente más conocida, más amada, más honrada que nunca, lo que sucederá, sin duda, si los predestinados entran, con la luz y gracia del Espíritu Santo, en la práctica interior y perfecta que yo les descubriré en lo que sigue… Se consagrarán enteramente a su servicio como sus súbditos y esclavos de amor…, y se entregarán a Ella con cuerpo y alma, sin reparto, para ser igualmente de Jesucristo». 

Quinta proposición: Este reino de María será en gran parte realizado por «los apóstoles de los últimos tiempos», los cuales, por la perfecta Devoción a la Santísima Virgen, realizarán su misión grandiosa.

III. En orden de batalla

El reino de Satanás comenzó con un hombre, una mujer y un árbol; el reino de Cristo triunfará sobre el de Satanás de la misma manera como triunfó el demonio: por un árbol (la cruz), por el Nuevo Adán (Nuestro Señor Jesucristo), por la Nueva Eva (María Santísima).
En el Apocalipsis la figura de María aparece nítida, dominadora, protagonista de una lucha cuyas consecuencias llegará a todos los tiempos y a todas las personas. María Santísima por su papel de Madre del Mesías y Redentor, será más atacada por Satanás, pues que su derrota podría suponer un grave contratiempo para toda la humanidad.

San Luis María desea ardientemente formar un escuadrón de hombres y mujeres que, no sólo comparten su reino, sino que llenos del Espíritu Santo, sean instrumentos de la llegada del reino de Cristo.
Montfort los llama «apóstoles de los últimos tiempos».

La Iglesia ve en María a la Adversaria personal de Satán, que debe triunfar contra él por y para Cristo. Por eso instituyó fiestas para conmemorar acontecimientos que prueban la influencia decisiva de la Santísima Virgen en las grandes luchas por el Reino de Dios: la fiesta del santo Rosario, la del santo Nombre de María, la de Nuestra Señora Auxilio de los Cristianos… Expresa y canta su convicción y su alegre agradecimiento en este punto con textos que nunca podrían meditarse lo suficiente: «El Señor ha derramado sobre ti bendiciones, comunicándote su poder: pues por medio de Ti ha aniquilado a nuestros enemigos». Afirmación aún más fuerte y universal: «¡Tú sola has destruido todas las herejías en el mundo entero!».Fuertísima afirmación, en efecto: Tú, Tú sola, todas las herejías, en el mundo entero… Se diría que la Iglesia teme no expresar su pensamiento con suficiente claridad, ni con bastante fuerza. Es evidente que aquí hay que ver, implícitamente expresada, una ordenación divina. Siempre será así. Cada victoria, individual o colectiva, lograda contra Satán por un pobre pecador o por un santo religioso, por la Iglesia entera o por una u otra nación cristiana, será siempre obra de Ella, después de Cristo y de Dios.

¡Y la tempestad vencida, dará lugar a un orden sacral y jerárquico, y altamente perfecto, del Reino de María!

Germán Mazuelo-Leytón
Visto en Adelante la Fe

Fuentes:

-MONTFORT, San LUIS Mª GRIGNION DE, Tratado de la Verdadera Devoción.
-Cf.: 2 Re 2, 19; 1 Re 2, 19; 1 Re 15, 9-13; Jer 13, 18-20).
-Cf.: 1 Re 2, 19-20.
-SAN LUCAS 1, 32-33.
-SAN LUCAS 1, 44.
-MIRAVALLE S.T.D., MARK I., María, Corredentora, Mediadora y Abogada.
-Cf.: RAMBLA O.F.M., P. PASCUAL, Tratado popular sobre la Santísima Virgen.
-Carta Encíclica Ad Caeli Reginam, 1.
-Carta Encíclica Ad illum diem.
-MONTFORT, San LUIS Mª GRIGNION DE, Tratado de la Verdadera Devoción, 13; ver 1, 22, 262.
-Ibid., nº 13.
-Secreto de María, nn. 58-59.
-MONTFORT, San LUIS Mª GRIGNION DE, Tratado de la Verdadera Devoción., nº 1.
-Ibid., nº 13.
-Ibid., ns. 49, 50, 55 y 113.
- Ibid., nº 55.
-Cf.: APOCALIPSIS 12, 1-18.
-MAZUELO-LEYTÓN, GERMÁN, Fátima y «los últimos tiempos»,https://adelantelafe.com/fatima-y-los-ultimos-tiempos/
-Jud. 13 22.
- Cf.: HUPPERTS S.M.M., P. J. Mª, Fundamentos y práctica de la vida mariana.

-CORREA DE OLIVEIRA, Prof. PLINIO, Revolución y Contra-revolución, cap. IV


viernes, 28 de abril de 2017

El triunfo de la Santísima Virgen, en la Verdadera Devoción a María


“María es el enemigo más terrible que Dios ha hecho
contra el demonio”.
(San Luis María Grinion de Montfort)

En el Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, San Luis María Grignion de Montfort nos enseña que la Virgen María nos liderará en la lucha contra Satanás, para batallar en contra del ejercito del anticristo; formado por herejes apóstatas cismáticos, impíos, idolatras y mahometanos.  

6.º María debe resplandecer más que nunca en misericordia, en poder y en gracia, en estos últimos tiempos; en misericordia, para reducir y acoger amorosamente a los pobres pecadores y extraviados, que se convertirán y volverán a la Iglesia Católica; en poder, contra los enemigos de Dios, los idólatras, cismáticos, mahometanos, judíos e incrédulos endurecidos, quienes se revolverán terriblemente para seducir y hacer caer por promesas y amenazas a todos los que sean contrarios, y, finalmente, debe resplandecer en gracia, para animar y sostener a los soldados valientes y fieles servidores de Jesucristo, que combatirán por sus intereses.

7.º María, en fin, debe ser terrible al demonio y a sus secuaces como un ejército ordenado en batalla, principalmente en estas últimas edades; porque sabiendo Satanás que le queda poco tiempo, y menos que nunca, para perder almas, redoblará diariamente sus esfuerzos y sus combates; suscitará inmediatamente nuevas persecuciones, y tenderá terribles emboscadas a los servidores fieles y a los verdaderos hijos de María, a quienes vence más difícilmente que a los demás.

51. De estas últimas y crueles persecuciones del demonio, que se aumentarán diariamente hasta el reino del Anticristo, debe principalmente entenderse aquella primera y célebre predicción y maldición de Dios, lanzada contra la serpiente en el paraíso terrestre, que aquí es oportuno explicar para gloria de la Santísima Virgen, salvación de sus hijos y confusión de Satanás.

“Enemistades pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje; ella quebrantará tu cabeza, y tú pondrás asechanzas a su calcañar”. (Gen. 3,14).

52. Dios no ha hecho más que una enemistad, pero ésta es irreconciliable; durará y crecerá hasta el fin del mundo, y es entre María su Santísima Madre, y el demonio; entre los hijos y servidores de la Virgen, y los hijos y súbditos de Lucifer; de modo que el más terrible de los enemigos de Satán que Dios ha suscitado es María, su Santísima Madre, a la que dio, desde el mismo paraíso terrestre, aunque todavía no estuviese más que en su idea, tanto aborrecimiento a este maldito enemigo de Dios, tanto arte para descubrir la malicia de esta antigua serpiente, tanta fuerza para vencer, abatir y aplastar a este orgulloso monstruo, que la teme más que a todos los ángeles y a todos los hombres, y en cierto sentido más que al mismo Dios.

No es que la ira, el odio y el poder de Dios no sean infinitamente mayores que los de la Santísima Virgen, toda vez que las perfecciones de María son limitadas, sino porque:

1.º, siendo Satanás muy orgulloso, sufre infinitamente más al ser vencido y castigado por una pequeña y humilde esclava de Dios, y su humildad le humilla más que el poder divino;

2.º, porque Dios ha dado a María tan gran poder contra los demonios, que tienen más miedo (como se han visto ellos mismos obligados frecuentemente a confesarlo, a pesar suyo, por boca de los poseídos por ellos) a uno solo de los suspiros de María en favor de cualquier alma, que, a las oraciones de todos los Santos, y temen más a una sola de sus amenazas contra ellos, que a todos los demás tormentos.

53. Lo que Lucifer perdió por el orgullo, María lo ha ganado por humildad; lo que Eva hizo digno de condenación y perdición por desobediencia, María lo ha salvado por la obediencia. Eva, obedeciendo a la serpiente, perdió consigo a todos sus hijos y los entregó a Satanás; María, siendo perfectamente fiel a Dios, ha salvado a todos sus hijos y servidores con Ella y los ha consagrado a la Majestad divina.

54. Dios no puso solamente una enemistad, sino que puso enemistades entre María y Lucifer, y no sólo las puso entre María y Lucifer, sino entre la raza de la Virgen y la raza del demonio; es decir, Dios ha formado enemistades, antipatías y odios secretos entre los verdaderos hijos y siervos de María y los hijos y esclavos del diablo, de modo que no se aman ellos nada unos a otros, ni tienen correspondencia interior entre sí.

Los hijos de Belial, los esclavos de Satanás, los amigos del mundo (que es la misma cosa) han perseguido siempre y perseguirán ahora más que nunca a los que pertenezcan a la Santísima Virgen, como en otro tiempo persiguió Caín a su hermano Abel, y Esaú a su hermano Jacob, que son las figuras de los réprobos y los predestinados; pero la humilde María alcanzará siempre victoria sobre el orgulloso Satanás, y será ésta tan grande, que llegará a aplastarle la cabeza, en que reside su orgullo; María descubrirá siempre la malicia de la infernal serpiente y sus tramas infernales; desvanecerá sus diabólicos consejos y librará a sus fieles servidores, hasta el fin de los tiempos, de sus crueles garras.

Empero, el poder de María sobre todos los demonios, resplandecerá particularmente en los últimos tiempos en que Satanás pondrá asechanzas a su calcañar, es decir, a los humildes esclavos y a los pobres hijos que María suscitará para hacer guerra al infierno.


Pequeños y pobres serán los hijos de la Virgen según el mundo, y abatidos, hollados y oprimidos como el calcañar lo está respecto de los demás miembros del cuerpo; pero en cambio, serán ricos en gracia de Dios, que María les distribuirá abundantemente; grandes y realzados en santidad delante de Dios, superiores a toda criatura por su celo fervoroso, y tan perfectamente asistidos del divino socorro, que con la humildad de su pie, en unión de María, aplastarán la cabeza de la serpiente infernal y harán que Jesucristo triunfe.

55. En fin, Dios quiere que su Santísima Madre sea ahora más conocida, más amada, más honrada que lo ha sido jamás. Y será así sin duda si los predestinados entran en la gracia y en la luz del Espíritu Santo, en la práctica interior y perfecta que yo les manifestaré luego; entonces verán con aquella claridad compatible con la fe esta hermosa estrella de la mar, y llegarán a buen puerto a pesar de las tempestades y de los piratas que los persigan; conocerán las grandezas de esta Virgen Soberana y se consagrarán completamente a su servicio como súbditos suyos y esclavos de su amor; saborearán sus dulzuras y sus bondades maternales, y la amarán con la ternura de hijos muy amados; conocerán las misericordias de que está llena María y las necesidades para las que han menester su socorro, y recurrirán a Ella en todo como a la mejor abogada y mediadora para con Jesucristo; sabrán que María es el medio más seguro, más fácil, más corto y el más perfecto camino para ir a Jesucristo, y se entregarán a Ella en cuerpo y alma, sin partición, para ser suya del mismo modo que de Jesucristo.

56. Pero ¿a qué se podrá comparar a estos servidores, esclavos e hijos de María? Serán como brasas encendidas en medio de los ministros del Señor y pondrán el fuego del amor divino en todas partes, y como flechas en mano poderosa, flechas agudas en la mano de la poderosa María para herir a los enemigos de Dios (Ps. 126,4).

Serán hijos de Leví, bien purificados por el fuego de grandes tribulaciones, y bien unidos a Dios, que llevarán el oro del amor en el corazón, el incienso de la oración en el espíritu, y la mirra de la mortificación en el cuerpo, y que por todas partes serán el buen olor de Jesucristo para los pobres y para los pequeños, mientras que serán mensajeros de muerte para los grandes, para los ricos y para los orgullosos del mundo (Malaq. 3,3; 2 Cor. 2,15-16).

57. Serán nubes aterradoras y ligeras que volarán por los aires al menor soplo del Espíritu Santo, y sin adherirse a nadie, ni espantarse de nadie, ni apenarse por nada, esparcirán la lluvia de la palabra de Dios y de la vida eterna; tronarán contra el pecado, bramarán contra el mundo, y ministros fieles de Dios, vencerán al diablo y a sus súbditos, y herirán de parte a parte, para la vida o para la muerte, con la espada de dos filos de la palabra de Dios a todos aquellos a quien sean enviados de parte del Altísimo (Isai. 60,8; Eph. 6,17; Hebr. 4,12).

58. Serán verdaderos apóstoles de los últimos tiempos a quienes el Señor de las virtudes dará la palabra y la fuerza para obrar maravillas y ganar gloriosos despojos a sus enemigos; dormirán sin oro ni plata, y lo que es más, sin cuidado alguno ni miedo a nadie, y sin embargo, serán como las plateadas alas de la paloma para ir con la pura intención de la gloria de Dios y de la salvación de las almas a donde los llame el Espíritu Santo, y no dejarán tras sí donde hayan predicado más que el oro de la caridad, que es el cumplimiento de toda la ley.

59. En fin, sabemos que serán verdaderos discípulos de Jesucristo, que, marchando sobre las trazas de la pobreza, humildad, desprecio del mundo y caridad, enseñarán el camino derecho de Dios y de la verdad, según el Santo Evangelio, y no según las máximas del mundo, sin apenarse por nada, sin hacer acepción de personas, sin cuidarse de nadie, ni escuchar, ni temer a ningún mortal, por poderoso que sea.


Tendrán en sus labios la espada de doble filo de la palabra de Dios; llevarán sobre sus espaldas el estandarte ensangrentado de la Cruz, el Crucifijo en la mano derecha, el rosario en la izquierda, los nombres sagrados de Jesús y de María en el corazón y la modestia y mortificación de Jesucristo en toda su conducta. Ved los grandes hombres que vendrán; pero María estará allí por orden del Altísimo para extender su imperio sobre el de los impíos, idólatras y mahometanos. ¿Cuándo y cómo sucederá esto?... Dios sólo lo sabe: a nosotros sólo nos toca callar, orar, suspirar y esperar. Esperare confiadamente (Ps. 39,1).


“María estará allí por orden del Altísimo para extender su imperio sobre el de los impíos, idólatras y mahometanos”.
(San Luis María Grinion de Montfort)

LAS DEFORMACIONES EN EL CULTO
A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
por San Luis María Grignion de Montfort:

El demonio, como falso acuñador de moneda y ladrón astuto y experimentado, ha engañado y hecho caer ya a muchas almas por medio de falsas devociones a la Santísima Virgen y cada día utiliza su experiencia diabólica para engañar a muchas otras, entreteniéndolas y adormeciéndolas en el pecado, so pretexto de algunas oraciones mal recitadas y de algunas prácticas exteriores inspiradas por él.

Como un falsificador de moneda no falsifica ordinariamente sino el oro y la plata muy rara vez los otros metales, porque no valen la pena, así el espíritu maligno no falsifica las otras devociones tanto como las de Jesús y María, la devoción a la Santísima Comunión y la devoción a la Virgen, porque son entre las devociones, lo que el oro y la plata entre los metales.

Debemos de Conocer las falsas devociones para evitarlas y las verdaderas para abrazarlas.

Falsa devociones:

Los devotos exteriores... Se inscriben en todas las cofradías marianas, pero sin enmendar su vida, sin vencer sus pasiones, ni imitar las virtudes de la Santísima Virgen.

Los devotos presuntuosos son pecadores aletargados en sus pasiones o amigos de lo mundano.

Bajo el hermoso nombre de cristianos y devotos de la Santísima Virgen, esconden el orgullo, la avaricia, la lujuria, la embriaguez, el perjurio, la maledicencia o la injusticia, etc.; duermen en sus costumbres perversas, sin hacerse mucha violencia para corregirse, confiados en que son devotos de la Santísima Virgen; se prometen a sí mismos que Dios les perdonará, que no morirán sin confesión ni se condenarán, porque rezan el Rosario, ayunan los sábados, pertenecen a la cofradía del santo Rosario, a la del escapulario u otras congregaciones, llevan el hábito o la cadenilla de la Santísima Virgen, etc.

Cuando se les dice que su devoción no es sino ilusión diabólica y perniciosa presunción, capaz de llevarlos a la ruina, se resisten a creerlo. Responden que Dios es bondad y misericordia; que no nos han creado para la perdición; que no hay hombre que no peque; que basta un buen “¡Señor, pequé!” a la hora de la muerte.

Nada, en el cristianismo, es tan perjudicial a las gentes como esta presunción diabólica. Porque, ¿cómo puede alguien decir con verdad que ama y honra a la Santísima Virgen, mientras con sus pecados hiere, traspasa, crucifica y ultraja despiadadamente a Jesucristo, su Hijo? Si María se obligara a salvar por su misericordia a esta clase de personas, ¡autorizaría el pecado y ayudaría a crucificar a su Hijo! Y esto, ¿quién osaría siquiera pensarlo?

Protesto que abusar así de la devoción a la Santísima Virgen, devoción que después de la que se tiene al Señor en el Santísimo Sacramento es la más santa y sólida de todas, constituye un horrible sacrilegio: el mayor y menos digno de perdón después de la comunión sacrílega.