EL CAMINO: "YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA, NADIE VA AL PADRE SINO POR MÍ". (JUAN 14:6)

"BUSCAD PRIMERAMENTE EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA, Y TODO LO DEMÁS SE OS DARÁ POR AÑADIDURA". (MATEO 6:33)

"Y EN NINGÚN OTRO HAY SALVACIÓN, PORQUE NO HAY OTRO NOMBRE BAJO EL CIELO DADO A LOS HOMBRES, EN EL CUAL PODAMOS SER SALVOS". (HECHOS 4:12)

Mostrando entradas con la etiqueta indulgencias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta indulgencias. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de julio de 2020

Cómo ir directamente al Cielo


CÓMO IR DIRECTAMENTE AL CIELO


Para que después de la muerte vayamos directamente al cielo sin pasar por el purgatorio es preciso obtener una indulgencia plenaria. Las indulgencias plenarias pueden aplicarse a uno mismo o a las almas del purgatorio. Actualmente, la Iglesia permite ganar sólo una indulgencia plenaria al día. ¿Qué es la indulgencia plenaria? Cancelar la pena temporal debida por nuestros pecados. Es decir, una vez que los pecados han sido perdonados por la confesión sacramental, quedan los restos o consecuencias de los pecados cometidos, que hay que purificar, sanar o cancelar en el purgatorio. Si se consigue una indulgencia plenaria quiere decir que todas las deudas debidas por nuestros pecados quedan canceladas y con el alma totalmente limpia, podemos ir directamente al cielo.

¿Cómo conseguirlo? Primero, confesando bien y pidiendo en el último día de la vida al sacerdote que nos dé la bendición apostólica a la cual va aneja una indulgencia plenaria. Ahora bien, uno puede pensar que podría no tener tiempo de nada, pues podría morir de infarto o de accidente o simplemente por una enfermedad que no le permita darse cuenta de nada o quizás estando en coma.

En estos casos, si hemos cumplido la devoción de los nueve primeros viernes, tenemos la seguridad y la promesa de Jesús de que no morirán en mi desgracia ni sin haber recibido los sacramentos.

Esto quiere decir que Dios hará que, al menos, se pueda recibir el sacramento de la unción de los enfermos con la absolución de los pecados y la bendición apostólica (a la que acompaña la indulgencia plenaria). Todo ello se puede recibir, aunque estemos inconscientes. Pero probablemente Dios nos dará la vida hasta poder recibir conscientemente los últimos sacramentos de la Iglesia, sobre todo, si a lo largo de la vida le hemos pedido esta gracia por medio de san José, el patrón de la buena muerte; y, si hemos rezado con devoción el avemaría, diciendo: Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Sí estamos conscientes en los últimos momentos, podemos nosotros mismos aplicarnos la indulgencia plenaria, aunque no hubiera sacerdote, dándonos la bendición apostólica, si estamos arrepentidos de nuestros pecados, y pidiendo la gracia de la indulgencia plenaria. La única condición que ponía el Papa Pablo VI es con tal de que durante la vida hubieran rezado habitualmente algunas oraciones. Y recomendando que se use una cruz o un crucifijo para darse la bendición.

Con toda seguridad, Dios nos va a cuidar en esos últimos momentos y nos concederá la gracia de tener un sacerdote para prepararnos al viaje del más allá. Esto lo he podido comprobar personalmente y era voz común entre nuestros misioneros agustinos recoletos de la Prelatura de Chota. Se daban casos muy claros en los que el enfermo llevaba agonizando varios días o semanas. Y el mismo día que llegaba el sacerdote a su caserío, alejado de la parroquia, ese mismo día, después de recibir la absolución y la unción de los enfermos con la bendición apostólica, moría a las pocas horas con mucha paz.
En este sentido, es bueno que los familiares no descuiden, por temor, el llamar al sacerdote, cuando el enfermo está muy grave, para que le dé los últimos sacramentos y muera en paz.
Y no se olviden de rezar por el agonizante la Coronilla de la Divina Misericordia. 
Jesús ha prometido gracias inmensas. Le decía a santa Faustina Kowalska el 11 de diciembre de 1936: En la hora de la muerte defenderé como a mi Gloria a cada alma que rece esta coronilla y, si otros la rezan cerca del agonizante, obtendrán para el agonizante el mismo perdón. Cuando se reza la coronilla por un agonizante, se aplaca la ira de Dios y la inescrutable misericordia envuelve al alma y se conmueven las entrañas de mi misericordia por la dolorosa Pasión.
CÓMO LLEVAR RÁPIDAMENTE AL CIELO A LOS DIFUNTOS

Hemos hablado de la indulgencia plenaria aplicada a uno mismo y especialmente recibirla en el momento de la muerte para ir directamente al cielo. Ahora bien, cuando muere un ser querido o una persona a quien queremos ayudar, es bueno ofrecer por él misas, sacrificios y obras buenas para aliviarle en el purgatorio, adonde todos debemos ir, a no ser los muy santos o quienes consiguen en el último momento la absolución y la indulgencia plenaria.

Pero nosotros podemos aplicarles una indulgencia plenaria, que Dios nos regala por los méritos de Jesucristo y la intercesión de la Iglesia. Se puede conseguir de la manera más fácil, de modo que normalmente en dos días el alma de nuestro ser querido esté en el cielo, aunque hubiera debido de pasar 40 años en el purgatorio por sus pecados. 

En el Manual (Enchiridion) de indulgencias, establecido después de la magistral Constitución apostólica del Papa Pablo VI Indulgentiarum doctrina (doctrina sobre las indulgencias) del 1 de enero de 1967, se dice que se puede ganar una indulgencia plenaria con las siguientes condiciones:

-Tener el alma totalmente limpia, sin tener afecto ni siquiera al pecado venial.

-Confesarse (aunque puede hacerse unos días antes), pues, según el documento, con una sola confesión se pueden conseguir varias indulgencias plenarias.

-Comulgar ese día.

-Rezar por las intenciones del Papa, al menos, un padrenuestro y avemaría.

-Y cumplir la obra correspondiente para ganar la indulgencia con intención de ganarla para el alma del purgatorio.


¿Y QUÉ HACE FALTA CUMPLIR PARA GANARLA?

1-Se puede rezar el rosario (una parte del rosario o cinco decenas de avemarías, meditando en los misterios) delante del Santísimo sacramento en una iglesia o capilla pública. Se puede rezar, incluso mentalmente, si resulta fatigoso para un enfermo o rezarlo alternando las avemarías con otros.

2-Rezar el rosario en familia, en Comunidad religiosa o en un grupo de personas de una Asociación piadosa.

3-Leer la Palabra de Dios durante media hora delante del Santísimo sacramento.

4-Hacer una visita de adoración y compañía a Jesús sacramentado durante media hora.

5-Rezar el Vía crucis ante las 14 estaciones, caminando a cada una, a no ser que lo haga el que lo dirige; en cuyo caso, lo podemos rezar desde nuestro lugar.

Ahora bien, es prácticamente imposible que no tengamos ningún afecto a los pecados veniales, o sea, que tengamos el alma ciento por ciento limpia. Por ello, si no podemos ganar en un día la indulgencia plenaria, quizás la podemos ganar en dos días. Pero es algo realmente asombroso poder pensar que en dos días podemos llevar a nuestro ser querido al cielo. ¡Vale la pena hacer cualquier esfuerzo!

Por supuesto que el mandar celebrar misas y ofrecer rosarios u obras buenas es bueno y eficaz, pero más rápido y sencillo es conseguir la indulgencia plenaria en un par de días. Lo cual no quiere decir que no debamos seguir rezando por el difunto para manifestarle nuestro recuerdo y nuestro amor.

Eso vale mucho ante Dios, quien, si el difunto está ya en el cielo, ofrecerá nuestras oraciones a otros difuntos necesitados. La oración siempre es eficaz y nunca se pierde.



MADUREZ ESPIRITUAL

Evidentemente, no basta con que vayamos al cielo lo antes posible. Esta vida es una oportunidad que Dios nos da para aprender a amar, para santificarnos más y más, para crecer en su amor y en el amor a los demás. Nuestro cielo será tan grande como la medida de nuestro amor. De acuerdo a la capacidad de amor, que hemos conseguido en este mundo, así será nuestra felicidad eternamente. No todos serán igualmente felices en el cielo. Por ello, es necesario que aprovechemos bien el tiempo de nuestra vida y procuremos, no solamente santificarnos más cada día, sino ayudar a los demás en el camino de Dios, en el camino del amor. No podemos vivir encerrados en nosotros mismos. Ser cristiano es ser misionero y debemos evangelizar y ayudar a los demás.

Para crecer espiritualmente, el mejor medio es la Misa. La Misa es la acción más grande y sublime que se realiza en la tierra, porque es obra de Cristo. Alguien ha dicho que la misa es el cielo en la tierra. Y el Papa Juan Pablo II decía que la misa es una misteriosa participación en la liturgia celestial. Es verdaderamente un resquicio del cielo, que se abre sobre la tierra. (Discurso del Angelus del 3 de noviembre de 1996.)

Por eso, al momento de celebrar la misa se hacen presentes todos los santos y todos los ángeles en unión con María. De ahí que no puede haber nada más efectivo como medio de santificación que la misa y comunión diarias.
También nos ayudará mucho la confesión, al menos, mensual; la visita diaria a Jesús sacramentado, el rezo del rosario; leer la Palabra de Dios y la oración personal. También tener un director espiritual, que nos aconseje en nuestras dudas y problemas, será muy eficaz para adelantar con más seguridad y más rápidamente en el camino de Dios.
Y no hay que olvidar el hacer apostolado. Uno se siente feliz al compartir la fe. Y todos debemos iluminar el camino de nuestros hermanos y ser misioneros con ellos. Debemos conseguir muchos adoradores que visiten a Jesús sacramentado. Debemos comprometer a muchos enfermos para que ofrezcan sus sufrimientos como enfermos misioneros, y alentar a todos a que pertenezcan a algún grupo espiritual que puede ayudarles en su crecimiento. Puede ser cualquier grupo aprobado por la Iglesia.
-del libro del P. ÁNGEL PEÑA O.A.R: El medio más fácil y más rápido para obtener la salvación eterna.



lunes, 16 de febrero de 2015

Cómo ganar indulgencias



¿Qué son las indulgencias?

Todo pecado lleva consigo una culpa y una pena. Culpa es la ofensa hecha a Dios; pena es el castigo que dicha ofensa merece. La culpa de los pecados se borra a través de la confesión. La pena, llamada 'pena temporal', hay que expiarla en esta vida o en el purgatorio. En la vida se satisface con todo acto de amor de Dios y toda obra buena hecha en estado de gracia, así como a través de las indulgencias. 

La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones, consigue por mediación de la Iglesia (..). (Código de Derecho Canónico de 1983, Libro I, Título IV, Capítulo IV, Canon 992).

Las indulgencias se pueden ganar para uno mismo o aplicarlas a los difuntos (uno por indulgencia). Nunca pueden aplicarse las indulgencias a otras personas vivas.  

Las indulgencias se agrupan en dos tipos:

* Indulgencias plenarias: borran todo resto de pecado dejando el alma dispuesta para entrar inmediatamente en el cielo. 

* Indulgencias parciales: borran parte de la pena que los pecados cometidos reclaman.

INDULGENCIAS PLENARIAS 

Las condiciones para conseguir la valiosa indulgencia plenaria son: 

1.- Los mismos requisitos que en las indulgencias parciales, es decir:
- Realizar la acción que la Iglesia premia con esta indulgencia.
- Estar en gracia de Dios antes de acabar la obra premiada.
- Tener intención, al menos general, de ganar la indulgencia. 

2.- Tener la disposición interior de un desapego total del pecado, incluso venial. 

3.- Confesarse, al menos quince días antes o después de realizar la acción premiada (sin olvidar que hay que estar en gracia de Dios antes de acabar la acción). 

4.- Rezar por las intenciones del Papa un Padrenuestro y un Avemaría, u otras oraciones. Se necesita una oración para cada indulgencia plenaria.

5.- Comulgar, en ese mismo periodo de tiempo. Se necesita una comunión para cada indulgencia plenaria. 

Hay que tener en cuenta también lo siguiente:

- Sólo se puede ganar una indulgencia plenaria cada día, excepto en caso de muerte.
- La oración por el Papa y la comunión ha de hacerse el mismo día.
- Una misma confesión puede servir para ganar varias indulgencias plenarias. 
- Cada indulgencia puede aplicarse a uno mismo o al alma de un difunto, pero no es aplicable a otra persona viva en la tierra. Es decir, puedes sacar un alma del purgatorio dedicándole una indulgencia plenaria. 
- Algunas indulgencias sólo pueden aplicarse a los difuntos. Un ejemplo es rezar por ellos en un cementerio, ya que se consigue una indulgencia parcial, que será plenaria si se hace los días 1 al 8 de noviembre (una cada día). 

¿Qué acciones están premiadas con indulgencia plenaria? 

Cualquier día se puede obtener una indulgencia plenaria, si se cumplen las 5 condiciones comentadas anteriormente y se realiza una de las acciones siguientes: 

- Adoración a la Eucaristía durante media hora. 
- Realización del Via Crucis, recorriendo las quince estaciones erigidas meditando la Pasión del Señor. 
- Rezo del Santo Rosario (5 misterios seguidos) en una iglesia, o en familia, o acompañado de otros. 
- Lectura o audición de la Sagrada escritura durante media hora.

Indulgencias plenarias en circunstancias especiales

En determinadas ocasiones pueden ganarse indulgencias plenarias si se cumplen las 5 condiciones mencionadas anteriormente, más una de las siguientes acciones. Por ejemplo: 

- Rezar un padrenuestro y un credo en un santuario o basílica (se concede una vez al año por santuario)
- Recibir la bendición papal Urbi et Orbi (o escucharla por radio o televisión, en directo). 
- Realizar ejercicios espirituales de al menos tres días completos. 
- Asistir a una primera Comunión.
- En el momento de la muerte a quien hubiere rezado algo durante su vida. En este caso no se precisa la confesión, ni la comunión, ni la oración por el Papa; pero es necesario estar bien dispuesto: en gracia de Dios, rechazando cualquier pecado, y habiendo deseado alguna vez ganar esta indulgencia. 

Indulgencias plenarias en fechas especiales

Hay varios días al año donde se pueden conseguir indulgencias plenarias. Para ello, además de cumplir con las 5 condiciones mencionadas anteriormente, basta realizar una de las siguientes acciones en los días señalados:

- 1 de enero: recitando solemnemente el "Veni Creator" en una iglesia. 
- Los viernes de Cuaresma: después de comulgar, rezando ante un crucifijo la oración "Miradme o mi amado y buen Jesús". 
- En los oficios de Semana Santa:
.jueves santo: recitando el "Tantum ergo" durante la exposición que sigue a la Misa.
.viernes santo: asistiendo a los oficios.
.sábado santo: renovando las promesas bautismales en la Vigilia Pascual.
-Domingo de la Divina Misericordia (domingo siguiente al de Resurrección)
- Pentecostés: recitando solemnemente el "Veni Creator" en una iglesia. 
- Corpus Christi: participando en la procesión eucarística (dentro o fuera de la iglesia). 
- 2 Agosto: rezando un padrenuestro y un credo en la catedral o parroquia.
- 31 de diciembre: recitando solemnemente un "Te Deum" en una iglesia, dando gracias a Dios por los beneficios recibidos el último año.


Indulgencias plenarias particulares

Muchas instituciones gozan de indulgencias en determinados días del año, coincidiendo normalmente con fechas o santos propios. Hay un caso especialmente interesante, pues quienes llevan el escapulario del Carmen se unen a la familia carmelita y pueden ganar indulgencia plenaria el día en que le imponen el escapulario y los siguientes días (cumpliendo con las 5 condiciones mencionadas antes):

16 de mayo (San Simón Stock). 
16 de julio (Virgen del Carmen). 
20 de julio (San Elías Profeta). 
1 de octubre (Santa Teresa de Lisieux). 
15 de octubre (Santa Teresa de Jesús). 
14 de noviembre (Todos los Santos Carmelitas). 
14 de diciembre (San Juan de la Cruz).

INDULGENCIAS PARCIALES 

Condiciones para conseguir una indulgencia parcial.

Cada día pueden ganarse muchas indulgencias parciales, con cumplir sólo tres condiciones: estar en gracia de Dios, realizar las obras que la Iglesia premia con esa indulgencia, y tener intención, al menos general, de ganar la indulgencia. 

Beneficios que aportan las indulgencias parciales

Las indulgencias parciales proporcionan una remisión de la pena del mismo valor que el otorgado por esa misma acción. Dicho de otro modo: en las indulgencias parciales, la Iglesia duplica el mérito de esas acciones. 

Oraciones premiadas con indulgencia parcial

Se indican a continuación unas cuantas (todas ellas deben rezarse piadosamente, como es lógico): 

- El Angelus, el Magnificat, la Salve, el Acordaos, las Letanías u otras oraciones marianas aprobadas. Lo mismo a San José o al propio ángel custodio. También con el Credo. 
- Rezar con devoción filial por el Papa una oración aprobada. 
- Rezar agradecido la oración por los benefactores. 
- Rezar antes y después de comer una oración aprobada de súplica y de acción de gracias. Lo mismo al empezar y acabar el día o el trabajo. 
- Visitar al Santísimo adorándolo; rezar una comunión espiritual; recitar una de las oraciones aprobadas de acción de gracias tras la Comunión (ej.: Alma de Cristo; Miradme o mi amado y buen Jesús). 
- Hacer examen de conciencia con propósito de enmendarse; rezar el Yo Confieso u otro acto de contrición aprobado. 
- Hacer la señal de la cruz diciendo En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Otros ejemplos de indulgencias parciales

Si falta algún requisito a una indulgencia plenaria, suele alcanzarse una indulgencia parcial. Además de esto, hay muchas acciones premiadas por la iglesia con indulgencia parcial. Digamos unas cuantas: 

- Decir mentalmente una oración breve al trabajar o al soportar los sufrimientos de la vida. 
- Dedicarse uno mismo o gastar bienes en servicio a los demás, por amor a Dios. 
- Privarse libremente de algo grato y correcto, con espíritu de penitencia. 
- Dar testimonio de la propia fe; trabajar en la enseñanza o trasmisión de la doctrina cristiana. 
- Usar piadosamente un objeto de piedad bendecido (crucifijo, rosario, escapulario o medalla). 
- Dedicar un tiempo a la oración. 
- Asistir devotamente a cualquier predicación de la palabra de Dios. 
- Asistir piadosamente a una novena pública (por ejemplo, la de la Inmaculada Concepción).


No se incluye la participación en la misa ni en los sacramentos entre las indulgencias, pues ya tienen en sí mismos una gran eficacia santificadora y de purificación.