"Venid, adoremos al corazón de Jesús,
herido por nuestro amor".
La Fiesta de “El Sagrado Corazón
de Jesús”, nos invita a mirar a Cristo y a aprender de su ejemplo; “aprended de
mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras
almas” (Mateo 11, 29). Nuestro amor cristiano puede ser de diversas maneras, pero cuanto más nos
acerquemos al de Cristo, será más transparente y cristalino. Bienaventurados
los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios (Mateo 5,8).
El corazón, símbolo y parábola de nuestra personalidad
Lucas escribe en su Evangelio: “María,
por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón” (Lucas 2,19), también refiriéndose a
María dice que: conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón (Lucas 2, 51). En muchos versículos
Lucas se refiere a los sentimientos que tenían los hombres como sentimientos
que nacían y se cuidaban en el corazón, es así como también escribe: “porque
donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Lucas 12). Todos estos versículos, nos
ayudan de buena manera a comprender de algún modo la interioridad de María y de
Jesús, junto con la de los protagonistas de los relatos evangélicos, como por
ejemplo en este relato; “Conociendo Jesús lo que pensaban en su corazón, tomó a
un niño, le puso a su lado, y les dijo: El que reciba a este niño en mi nombre,
a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues
el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor (Lucas 9,47).
En otras palabras, podemos afirmar, que
tanto en las Sagradas Escrituras como en los escritos de la vida cotidiana,
todo aquel que desee describir como son los sentimientos de alguien
determinado, se refiere al corazón, por lo que este órgano humano es todo un
símbolo y parábola de nuestra personalidad y allí se atesoran las cosas buenas;
“porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón (Lucas 12,34), después de haber oído,
conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia (Lucas 8,15), o allí se
manifiestan nuestros miedo; ¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en
vuestro corazón? (Lucas 24,38).
El Corazón de Jesús
Al cristiano, le enternece hablar desde
el corazón, del Corazón de Jesús. En efecto, a todos nos conmueve y nos
emociona profundamente, porque sabemos que esta figura nos habla de un amor
dotado de hermosura, porque no nos cabe ninguna duda que el Corazón de Jesús,
es para nosotros el mas bello emblema del amor. Su corazón fue colmado de amor
total al Padre y a los hombres. Es tan importante en todos nosotros, que para
aprender a amar a los demás de gran forma, tratamos de de comprender algo del
amor de Cristo Jesús a todos los hombres.
Los Evangelios, nos hablan del corazón
de Jesús, mostrándonos un corazón humano y al mismo tiempo con el misterio de
un amor humano-divino. El corazón humano de Cristo está unido a su divinidad,
es así como podemos decir que el amor de Dios se ha encarnado en el amor humano
de Cristo y el nos pide; “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón” (Lucas 10,27), porque él es “El Señor,
nuestro Dios, es el único Señor” (Marcos 12,29),
y cuando el “escriba” le dijo a Jesús, “El es único y que no hay otro fuera de
Él, y amarle con todo el corazón (Marcos 12, 32), le dijo que; “No estás
lejos del Reino de Dios” (Marcos 12, 34).
Con todo, Jesús, tuvo también un
corazón muy humano y sensible, como lo demuestra en el relato de la
resurrección de Lázaro; “Viéndola llorar Jesús y que también lloraban los
judíos que la acompañaban, se conmovió interiormente… y Jesús se echó a llorar (Juan 11, 33-35). Luego de que Jesús
entregó su espíritu en la cruz, el Corazón de Jesús se detuvo y cesó de latir,
y luego al resucitar, “no ha cesado nunca, ni cesará ya jamás de palpitar con
un apacible e imperturbable latido” (HA 28). Como lo demuestra Juan, quien
sintió su latidos al reposar sobre el pecho (el Corazón) de Jesús, cuando
escribe el amoroso dialogo de amor entre Pedro y su Maestro; “dice Jesús a Simón
Pedro: Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?” (Juan 21,15).
El corazón de Dios, amor hacia el hombre
El amor de Dios hacia el hombre
existe desde siempre y para toda la eternidad; “De lejos el Señor se me
apareció y me dijo; Con amor eterno te he amado: por eso he reservado gracia
para ti” (Jeremías 31, 2). Es así, como San Juan
Evangelista que conoció a Jesús íntimamente descansando sobre el pecho (corazón) de Jesús, tanto que fue el discípulo amado, exclama; “Porque tanto
amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no
perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al
mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”. (Juan 3, 16-17), es decir, un amor
extremo, que llevo a su propio Hijo a la Cruz por amor a los hombres, revelado
el mismo Jesús; “Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros
como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus
amigos. Vosotros sois mis amigos” (Juan 15, 12-13).
Esto nos revela el gran corazón
de Dios; “mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros
todavía pecadores, murió por nosotros” (Romanos 5,8), así como también Jesús nos
muestra su gran corazón, su sufrimiento y muerte en cruz son una muestra de su
amor por nosotros, como lo declara San Pablo; “y no vivo yo, sino que es Cristo
quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe
del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2,20).
“El Señor se prendó de
ustedes y los eligió, no porque sean el más numeroso de todos los pueblos. Al
contrario, tú eres el más insignificante de todos. Pero por el amor que les
tiene” (Deut 7,6-11). Dios no nos ama por lo que somos o tenemos, sino que al amarnos
nos regala y nos bendice. Es un amor gratuito y misericordioso, que toma la
iniciativa constantemente. “Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene
y hemos creído en Él. Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en
Dios, y Dios permanece en él” (1Jn 4,7-16). “Venid a mí los que estáis
cansados” (Mt 11,25-30). Frente a los fariseos, que cargaban fardos pesados e
insoportables sobre la gente, obligándoles a cumplir meticulosamente la Ley,
Jesús afirma que su yugo es llevadero y ligero. Acoger a Cristo es recibir su
amor, que lo hace todo fácil. Por eso seguir a Jesús no es una carga pesada,
sino encontrar en Él nuestro descanso. Él toma nuestro cansancio y alivia
nuestros agobios porque en la cruz ha tomado el peso del pecado que nos
destruía.
“Yo mismo voy a buscar mi
rebaño y me ocuparé de él”, (Ez 34,11-16). Frente a los malos pastores de
Israel, que se aprovechaban de las ovejas, Dios anuncia que Él mismo en persona
saldrá en busca de sus ovejas. Es lo que ha hecho en la encarnación de su Hijo.
No ha dado por perdidas a las ovejas obstinadas y rebeldes, sino que las ha
buscado hasta las puertas mismas del infierno. La prueba de que Dios
nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores (Rom 5,5-11), es lo que llena de asombro y
gratitud el corazón de Pablo, el haber sido amado siendo pecador, siendo
incluso perseguidor de la Iglesia. “Alégrense
conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido” (Lc 15,3-7). Es sorprendente escuchar la alegría de
Dios por la conversión del hombre. Jesús no acusa ni reprocha; al contrario, se
alegra indeciblemente cuando alguien acepta dejarse encontrar y volver al
redil. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. La
gloria de Dios es que el hombre viva, que se deje vivificar en plenitud, hasta
la santidad. ¿Cuántas alegrías estoy dispuesto a dar a Jesucristo que lo ha
entregado todo por mí?
La
Devoción al Sagrado Corazón
La
devoción al Corazón de Jesús ha existido desde los primeros tiempos de la
Iglesia, cuando se meditaba en el costado y el Corazón abierto de Jesús, de
donde salió sangre y agua. De ese Corazón nació la Iglesia y por ese Corazón se
abrieron las puertas del Cielo. La devoción al Sagrado Corazón está por encima
de otras devociones porque veneramos al mismo Corazón de Dios. Pero fue Jesús
mismo quien, en el siglo diecisiete, en Paray-le-Monial, Francia, solicitó, a
través de una humilde religiosa, que se estableciera definitiva y
específicamente la devoción a su Sacratísimo Corazón.
El
16 de junio de 1675 se le apareció Nuestro Señor y le mostró su Corazón a Santa
Margarita María de Alacoque. Su Corazón estaba rodeado de llamas de amor,
coronado de espinas, con una herida abierta de la cual brotaba sangre y, del
interior de su corazón, salía una cruz. Santa Margarita escuchó a
Nuestro Señor decir: "He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres,
y en cambio, de la mayor parte de los hombres no recibe nada más que
ingratitud, irreverencia y desprecio, en este sacramento de amor." Con
estas palabras Nuestro Señor mismo nos dice en qué consiste la devoción a su
Sagrado Corazón. La devoción en sí está dirigida a la persona de Nuestro Señor
Jesucristo y a su amor no correspondido, representado por su Corazón.
Dos, pues son los actos esenciales de esta devoción: amor y reparación. Amor, por lo mucho que Él nos ama. Reparación y desagravio, por las muchas injurias que recibe sobre todo en la Sagrada Eucaristía.
Jesús le dio a santa Margarita María para aquellas almas devotas a su Corazón el medio por el cual podrían hacer reparación, la Devoción de los primeros nueve viernes a la que dotó con doce promesas para aquellos devotos que la realizasen.
Dos, pues son los actos esenciales de esta devoción: amor y reparación. Amor, por lo mucho que Él nos ama. Reparación y desagravio, por las muchas injurias que recibe sobre todo en la Sagrada Eucaristía.
Jesús le dio a santa Margarita María para aquellas almas devotas a su Corazón el medio por el cual podrían hacer reparación, la Devoción de los primeros nueve viernes a la que dotó con doce promesas para aquellos devotos que la realizasen.
Acto de Confianza en el Corazón de Jesús
Oh, Corazón de Jesús, Dios y Hombre verdadero,
delicia de los Santos, refugio de los pecadores y esperanza de los que en Ti
confían; Tú nos dices amablemente: Vengan a Mí; y nos repites las palabras que
dijiste al paralítico: Confía, hijo mío, tus pecados te son perdonados, y a la
mujer enferma: Confía, hija, tu fe te ha salvado, y a los Apóstoles: Confíen,
Yo Soy, no teman.
Animado
con estas palabras acudo a Ti con el corazón lleno de confianza, para decirte
sinceramente y desde lo más íntimo de mi alma: Corazón de Jesús en Ti confío.
Sí,
Corazón de mi amable Jesús, confío y confiaré siempre en tu bondad; y, por el
Corazón de tu Madre, te pido que no desfallezca nunca esta confianza en Ti, a
pesar de todas las contrariedades y de todas las pruebas que Tú quisieras
enviarme, para que habiendo sido mi consuelo en vida, seas mi refugio en la
hora de la muerte y mi gloria por toda la eternidad. Amén.
Invocaciones
al Sagrado Corazón de Jesús
AMOR
del Corazón de Jesús,
Abrasad mi corazón.
Abrasad mi corazón.
HERMOSURA
del Corazón de Jesús,
Cautivad mi corazón.
Cautivad mi corazón.
BONDAD
del Corazón de Jesús,
Atraed mi corazón.
Atraed mi corazón.
CARIDAD
del Corazón de Jesús,
Derramaos en mi corazón.
Derramaos en mi corazón.
CLEMENCIA
del Corazón de Jesús,
Consolad mi corazón.
Consolad mi corazón.
DOMINIO
del Corazón de Jesús,
Sujetad mi corazón.
Sujetad mi corazón.
DULZURA
del Corazón de Jesús,
Penetrad mi corazón.
Penetrad mi corazón.
EQUIDAD
del Corazón de Jesús,
Reglad mi corazón.
Reglad mi corazón.
ETERNIDAD
del Corazón de Jesús,
Llenad mi corazón.
Llenad mi corazón.
FIDELIDAD
del Corazón de Jesús,
Proteged mi corazón.
Proteged mi corazón.
FUERZA
del Corazón de Jesús,
Sostened mi corazón.
Sostened mi corazón.
GLORIA
del Corazón de Jesús,
Ocupad mi corazón.
Ocupad mi corazón.
GRANDEZA
del Corazón de Jesús,
Confundid mi corazón.
Confundid mi corazón.
HUMILDAD
del Corazón de Jesús,
Anonadad mi corazón.
Anonadad mi corazón.
INMUTABILIDAD
del Corazón de Jesús,
Fijad mi corazón.
Fijad mi corazón.
JUSTICIA
del Corazón de Jesús,
No abandonéis mi corazón.
No abandonéis mi corazón.
LIBERALIDAD
del Corazón de Jesús,
Enriqueced mi corazón.
Enriqueced mi corazón.
LUZ
del Corazón de Jesús,
Iluminad mi corazón.
Iluminad mi corazón.
MISERICORDIA
del Corazón de Jesús,
Perdonad mi corazón.
Perdonad mi corazón.
OBEDIENCIA
del Corazón de Jesús,
Someted mi corazón.
Someted mi corazón.
PACIENCIA
del Corazón de Jesús,
No os canséis de mi corazón.
No os canséis de mi corazón.
PRESENCIA
del Corazón de Jesús,
Aficionad mi corazón.
Aficionad mi corazón.
PROVIDENCIA
del Corazón de Jesús,
Velad sobre mi corazón.
Velad sobre mi corazón.
REINO
del Corazón de Jesús,
Estableceos en mi corazón.
Estableceos en mi corazón.
SABIDURÍA
del Corazón de Jesús,
Conducid mi corazón.
Conducid mi corazón.
SANTIDAD
del Corazón de Jesús,
Purificad mi corazón.
Purificad mi corazón.
SILENCIO
del Corazón de Jesús,
Hablad a mi corazón.
Hablad a mi corazón.
CIENCIA
del Corazón de Jesús,
Enseñad a mi corazón.
Enseñad a mi corazón.
PODER
del Corazón de Jesús,
Asegurad mi corazón.
Asegurad mi corazón.
VOLUNTAD
del Corazón de Jesús,
Disponed de mi corazón.
Disponed de mi corazón.
CELO
del Corazón de Jesús,
Devorad mi corazón.
Devorad mi corazón.
¡Sagrado Corazón de
Jesús, en ti confío!
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